banear

sábado, 3 de diciembre de 2016

El Ricino: un veneno, una medicina, una tortura

El ricino es una planta muy "inteligente", tanto que, desde su lugar de origen, el África tropical, con la ayuda del hombre ha conseguido expandirse y adaptarse a climas mucho más fríos y se ha asilvestrado con gran éxito en prácticamente todas las regiones de la Tierra con un clima templado-mediterráneo hasta convertirse en una plaga. Hoy mismo he dado una vuelta por las carreteras circundantes de mi pueblo y he podido ver numerosos ricinos en cunetas y escombreras. Sólo le teme a las heladas intensas y acepta cualquier tipo de suelo, desde ácido a alcalino, desde nitrificado a muy pobre en nutrientes, desde arenoso a calcáreo-arcilloso.

 Aunque venenoso, el ricino de la variedad roja, Ricinus communis var. sanguineus, siempre se me ha antojado muy bonito. Alcanza un porte subarbóreo de hasta 7 metros de altura. Los tallos jóvenes y los pecíolos de las hojas lucen un vistoso e intenso color rosado-rojizo. Este ejemplar vive feliz en mi jardín. Procede de una semilla de un viejo ricino silvestre que crece esplendoroso en la grieta de una roca de arenisca en el sur de Mallorca prácticamente sin nutrientes y con poquísima agua.

La otra variedad, Ricinus communis var. minor, es verde-cenicienta en todas sus partes y su porte es más bajo y menos vigoroso.

Esta planta es muy parecida al hombre. Ambas especies, la vegetal y la humana, son originarias de África tropical y ambas han expandido sus poblaciones al resto del planeta, adaptándose a los variados climas con los que se han ido encontrando en su expansión. Como el mismo hombre el ricino es, pues, un campeón de la supervivencia. Es una especie vencedora. 

 Inflorescencia de ricino rojo con las flores femeninas en su extremo distal y las masculinas en la parte inferior. Para evitar la autopolinización las flores femeninas se abren unos días antes que las masculinas, lo que recibe el nombre de protoginia, de manera que una vez fecundadas por el polen de otra planta, su estigma se cierra y seca, momento en que se abren las flores masculinas con sus numerosos estambres cargados de polen, que el viento lleva lejos en busca de los estigmas receptivos de otra planta.

 Flores femeninas, algunas de ellas con el estigma ya seco tras la fecundación. Las seis ramas del estigma en forma de estrella de mar o de pulpo tienen una superficie verrugosa y pegajosa para facilitar la adherencia de los granos de polen arrastrados por el viento.

Flor masculina con numerosos estambres ramificados en forma de coliflor. 

 Las inflorescencias se desarrollan en el extremo de los tallos. Tras la fecundación de las flores femeninas y el engorde de los ovarios maduran los frutos que están cubiertos de espinas poco punzantes.

 Detalle de los frutos y sus espinas. Si os fijáis las puntas de las espinas están recurvadas en forma de gancho diminuto, cuya misión consiste engancharse al pelo de los grandes mamíferos africanos, como si de velcro se tratase, para utilizarlos inteligentemente como mulas de carga, consiguiendo así ser llevados lejos de la planta madre para conquistar nuevos territorios. Además de este medio de dispersión, la ligereza de los frutos permite que el viento los arrastre con facilidad. Y por último, la estructura suberosa de las paredes de los frutos permite que floten sobre el agua de los torrentes y ríos. Así pues, su inteligencia le permite aprovechar tres medios de dispersión de sus semillas: la animal (zoocoria), la aérea (anemocoria) y la acuática (hidrocoria). 

Cada flor femenina cuenta con un ovario trilocular. Tras la fecundación a través del viento por el polen de las flores masculinas de otra planta de ricino, el ovario se transforma en un fruto con tres cavidades o lóculos, en cada uno de los cuales se desarrolla una semilla.

En este fruto maduro se pueden ver los restos del estigma rojizo en forma de pulpo de la flor femenina. 

Sus genes ancestrales de adaptación al frío, a pesar de su origen tropical, le han facilitado el éxito en su supervivencia. Sin duda en algún momento de su evolución africana consiguió superar un cambio climático con un enfriamiento más o menos rápido de su hábitat mediante mutaciones e hibridaciones adaptativas, que posteriormente dejaron de serle útiles al volver a calentarse la Tierra con un nuevo cambio climático cálido. Los genes de resistencia al frío no desaparecieron de su genoma, simplemente quedaron bloqueados, inactivados. Cuando con la ayuda del hombre fue llevado a regiones más frías, los genes durmientes fueron nuevamente activados para que pudiera adaptarse y soportar las heladas suaves del clima mediterráneo.

 Los tres lóculos de un fruto abierto.

 Semillas de ricino con un diseño cromático bellísimo.

 Cada semilla cuenta con una carúncula reniforme, es decir, en forma de pequeño riñón blanquecino, de consistencia esponjosa y muy rica en nutrientes, para aprovechar un cuarto medio de dispersión: las grandes hormigas africanas con fuerza suficiente para transportar las semillas con sus mandíbulas. Tras alimentarse de la carúncula comestible, desechan el resto de la semilla por su toxicidad. De esta manera, regalando una golosina a las hormigas, el ricino consigue que lleven sus hijos, sus semillas, lo más lejos posible, lo que en botánica recibe el nombre de mirmecocoria (dispersión por las hormigas).

 Las semillas del ricino son tan bonitas que metidas en un frasco lucen como pequeñas joyas.

Al aplastar entre los dedos una semilla de ricino nos damos cuenta de la untuosidad de sus cotiledones por su riqueza en aceite, hasta el 50% de su composición. 

El aceite de ricino es purgante en pequeñas dosis y llega a ser letal en altas dosis. Fue usado hace décadas en farmacopea como laxante en estreñimiento y como crecepelo para la calvicie. En nuestra fratricida e infausta guerra civil fue utilizado como método de tortura de los prisioneros y de los opositores políticos, obligándoles a ingerir fuertes dosis de aceite de ricino, que les provocaba vómitos y diarreas incoercibles, con la intención de hacerles hablar o simplemente de humillarles y denigrarles. Dejo para los historiadores la narración de los detalles de nuestra vergonzosa historia reciente. 

En la actualidad, además de sus aplicaciones en la industria química y farmacéutica (ya no se usa como laxante, aunque sí como escipiente de algunos medicamentos),  se está utilizando como lubricante en aeronáutica y dada la carencia energética se está sopesando su uso como biocombustible. El ricino tiene pues su futuro asegurado de la mano del hombre.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Cajas-nido en los árboles de mi jardín

Un refugio para los pajarillos en invierno
 y un chalecito para anidar en primavera

El carbonero común es un pajarito insectívoro de nombre científico Parus major que en Mallorca llamamos ferrerico. Se trata de una de las pocas aves capaces de alimentarse de las urticantes orugas de la procesionaria del pino y también una de las que más agradecen la ayuda de las cajas-nido que podamos instalar en el bosque o en nuestro propio jardín.

 Hace varias semanas compré estos tres nidos para periquitos y diamantes australianos con la intención de instalarlos en mi jardín para que sirvan de refugio en invierno y luego nido de cría en primavera a los pajarillos silvestres que visitan los frutales de mi jardín. No me parecieron caros a sólo 3 euros la unidad.

 Para protegerlos de la lluvia y mantenerlos secos  les he añadido un techo de hule imitación madera. Cada caja cuenta con medio techo levadizo donde he clavado un clavo que facilitará la abertura para inspeccionar el contenido y/o limpiar el nido tras la temporada de cría.

 Entrada de una de las cajas-nido con un palito que sirve de posadero. La entrada al nido mide 4 centímetros de diámetro.

 Parte posterior donde he clavado varios ganchos metálicos que facilitarán su fijación en el tronco o rama del árbol..

 Primera caja-nido fijada al tronco de un piño canario, Pinus canariensis, de 14 años de edad, que conseguí a partir de un piñón cogido en lo alto del Pico del Teide.

Segunda caja-nido fijada al tronco y apoyada sobre una rama de un Pino de Norfolk, Araucaria heterophylla, conífera endémica de la isla australiana del mismo nombre, que compré a finales de septiembre del año 1985. En Mallorca lo llamamos "arbre de pisos" por su curioso crecimiento a razón de un piso de ramas cada año. Cuando lo compré medía 70 cms. y tenía 9 pisos. Así pues después de 31 años cuenta en la actualidad con 40 años de edad y mide unos 5 metros de altura. En la imagen se ven tres pisos de ramas, que se corresponden con otros tantos años.

 Tercera caja-nido fijada sobre un aguacate, Persea americana, de unos 15 años de edad. Nació de una semilla extraida de un fruto que compré en un comercio. Hace 8 años lo injerté por el método de Corona bajo bolsa de plástico con dos estaquitas de un aguacate Hass y desde entonces cada año me da una gran cosecha de frutos deliciosos. En la imagen se aprecia bien el punto del doble injerto sobre el tallo principal.

 -------ooooOOOoooo-------

Edito esta entrada cinco días después para añadir las cuatro cajas-nido adicionales que he colocado en el jardín. Éstas tienen el agujero de entrada de sólo 3 centímetros. Con las anteriores suman en total siete cajas-nido. A ver si hay suerte y alguna pareja de pajarillos se anima a criar en ellas.

 He situado la cuarta caja-nido sobre un aladierno, Rhamnus alaternus, que nació de una semilla defecada por un ave hace 26 años. Lo dejé crecer sin eliminarlo porque estaba en un sitio que no molestaba. A lo largo de estos años se ha convertido en un árbol bellísimo. Es macho y no produce semillas.

 Por su situación en un rincón muy tranquilo esta caja-nido tiene muchas probabilidades de llegar a estar habitada.

 Este oscuro tronco de un Quercus cerrioides de 34 años de edad, que sembré de una bellota en el año 1982, se me ha antojado un buen lugar para situar la quinta caja-nido.

 La tupida maraña de ramillas de este ciprés, Cupressus sempervirens, de 15 años de edad, va a albergar la sexta caja-nido. Es la que ha quedado mejor camuflada.

 Y por último aquí tenéis a la séptima y última caja-nido que he situado sobre esta rama de un zapote blanco de México, Casimiroa edulis, de 23 años de edad, que adquirí en un vivero de Sóller. Se trata de un cultivar de frutos sin semillas seleccionado en Israel para que soporte el clima traicionero del Mediterráneo.

La rama casi horizontal del zapote blanco será una estupenda plataforma de aterrizaje para las avecillas que lo escojan como su hogar.

 Y tras el "arduo trabajo" me he zampado una ración de Chop Suey de cerdo con chayote mexicano, pimiento rojo, zanahorias, cebolletas, un trozo de rizoma de jengibre, tres ajos, aceite de girasol, un chorrito de aceite de sésamo, vinagre de manzana, salsa de soja y pimienta blanca en polvo. ¡¡¡Delicioso!!!

  

domingo, 13 de noviembre de 2016

Juglans nigra, el nogal negro norteamericano

En el otoño del año 1988, hace ahora 28 años, fui de viaje con unos amigos al País Vasco y el sur de Francia. En los jardines de la Plaza de España de la ciudad alavesa de Vitoria pudimos admirar los fantásticos árboles monumentales que embellecían el lugar, entre los cuales recuerdo especialmente una Sequoya gigantesca y un Nogal negro norteamericano, ambos con numerosas semillas en el suelo bajo sus copas. Entonces todavía no tenía mi huerto-jardín y me dedicaba a los bonsais. Nunca antes había visto estos dos árboles y la verdad es que quedé fascinado. Por supuesto no pude resistir la tentación de recoger unas cuantas semillas de la sequoia y tres o cuatro nueces del nogal. Ya en Mallorca las sembré en macetas individuales, pero al final sólo germinó una nuez.

Nueces de mi Nogal negro recogidas del suelo bajo la copa del árbol a mediados de noviembre.

El nombre del género Juglans procede de la unión de dos palabras latinas:  
 iuppiter, jovis = el dios Júpiter y glans, glandis = bellota, o sea, Jovis+glans ---> Juglans.

 El nombre de la especie, nigra, viene del adjetivo también latino nigra, nigrae = negra.

Así pues Juglans nigra se podría traducir como Bellota negra del dios Júpiter.

Mi nogal negro norteamericano en otoño del año 2004 con 16 años de edad. Al igual que el ginkgo, cuando en octubre los días se acortan y bajan las temperaturas, el nogal reabsorbe los nutrientes de las hojas (clorófila, azúcares, proteinas y minerales) y los almacena en las raíces, con la intención de que le sirvan para iniciar con fuerza y éxito la siguiente brotación primaveral. Al dejarlas prácticamente reducidas a una carcasa vacía de celulosa, pierden el color verde y adquieren un bellísimo color amarillo-oro, hasta su caída unas semanas más tarde.

Cuando en 1989 compré el huerto de naranjos, limoneros y mandarinos, que con los años acabaría transformando en el jardín que desde niño siempre había soñado tener, sembré en tierra todos los bonsais de mi colección para que pudieran crecer libres y felices, repartidos por las diferentes terrazas de la falda de la montaña. Todos ellos ahora son árboles monumentales: un abeto de Ronda, un cedro del Atlas, un cedro del Líbano, un fresno de hojas estrechas, un árbol de Júpiter, dos pistachos, un brachychiton australiano, un boj balear, un boj del valle del Roncal, dos encinas de bellota dulce, seis robles cerrioides, un pino de Norfolk, una casuarina australiana, un árbol del amor, un árbol del Coral sudafricano, una robinia de flores rosadas y un haya, un abeto blanco, un tilo y un avellano del Pirineo francés.

 
Mismo nogal negro norteamericano fotografiado a mediados de noviembre de 2016 con 30 años de edad. Acababa de tirar todas las nueces y un tercio de las hojas.

 Hojas otoñales de Juglans nigra.

 Su color amarillo-oro es espectacular.

Tronco de mi nogal negro con su corteza grisácea, rugosa y profundamente agrietada.

Los nogales son árboles monoicos, con flores masculinas y femeninas sobre el mismo árbol aunque separadas entre si. En la imagen podemos ver las flores masculinas en forma de largos amentos verde-amarillentos cargados de polen, que el viento transporta hasta las flores femeninas, lo que en botánica recibe el nombre de polinización anemófila, o sea, a través del viento.

Las flores femeninas de los nogales son muy simples, pues carecen de pétalos y están formadas por un ovario globoso de superficie aterciopelada acabado en un pistilo rodeado por dos bracteolas muy pequeñas y soldadas al receptáculo y cuatro sépalos también muy pequeños y soldados entre sí salvo en su extremo distal cercano a los dos estigmas. En la imagen estas bracteolas y sépalos no se aprecian dado su pequeñísimo tamaño. Los dos grandes estigmas receptores del polen se abren a modo de plumeros en el extremo de la flor femenina. Para asegurarse la captación de al menos dos granos de polen, suficientes para fecundar los dos carpelos del ovario, los estigmas tienen una superficie muy rugosa y pelosa, lo cual aumenta sobremanera el área receptiva del polen. De ahí que muy raramente las flores femeninas de los nogales se quedan hueras sin fecundar.

Las nueces del nogal negro suelen crecer emparejadas de a dos, aunque también pueden hacerlo solitarias.

Suelen madurar a mediados de octubre y si no son recolectadas caen al suelo bajo la copa del árbol a principios de noviembre.

Nueces maduras en noviembre.

Los frutos del nogal negro norteamericano están rodeados por una cáscara o exocarpio verde-amarillento que se seca rápidamente, se vuelve negra y adquiere la consistencia del cartón. Contiene una gran concentración de taninos y pigmentos marrón-amarillentos, que tiñen intensamente los dedos al pelar las nueces. Estos pigmentos y el tanino que actua como fijador del color fueron utilizados por los indios americanos para teñirse el pelo y para curtir y colorear las pieles de sus vestidos.

La semilla o nuez comestible, es decir, el endocarpio, está rodeada por una gruesa cáscara leñosa de consistencia pétrea, que precisa golpear las nueces con mucha fuerza para cascarlas. Son un alimento fantástico muy ricas en grasas insaturadas y proteinas.

El nogal negro crece de forma natural en el este de Norteamérica, donde también es ampliamente cultivado para el aprovechamiento de su madera y sus frutos. En el año 1629 fue introducido en Europa como árbol ornamental, siendo posteriormente cultivado en plantaciones forestales por su madera densa, dura y resistente, considerada de excelente calidad y utilizada sobretodo en ebanistería. También se cultiva en Sudamérica y en Asia Oriental.


domingo, 30 de octubre de 2016

Ensalada de garbanzos con hojas de rúcula y huevos de codorniz

Hola Amigos: quiero mostraros la deliciosa ensalada de garbanzos que me he preparado este mediodía.

 ¡Qué pinta!, ¿verdad?
(Recomiendo ampliar las fotos con un doble click para ver los detalles.)

 Su elaboración ya no puede ser más rápida y sencilla.

Los ingredientes son:

-Un manojo de hojas tiernas de rúcula, que esta mañana me ha regalado mi amiga Matilde de su huerto de Son Vivot. 
-Un tomate de ramillete.
-Una chalota.
-Un bote de garbanzos.
-Unos huevos de codorniz.
-Pimentón dulce.
-Aceite de oliva.
-Sal y pimienta al gusto.

 Bote de 200 gramos de garbanzos.

 Huevos de codorniz de una granja de Maià de Montcal, situada muy cerca del Pirineo en la provincia de Girona. Los compré ayer en una carnicería.

 Vienen en una huevera especial a medida de los pequeños y frágiles huevos.

 En la naturaleza se confunden perfectamente con el suelo y la vegetación y pasan desapercibidos para los depredadores. Son realmente bonitos.

 Su diseño ha tardado millones de años en lograr la perfección, permitiendo así sobrevivir a la especie.

 Se hierven en agua con un poco de sal durante 5 minutos. Una vez hervidos se sumergen en agua fría unos minutos y luego se pelan con facilidad. La cáscara es tan fina y tan rica en calcio que mucha gente se los come sin pelar.

 Y tras mezclar los ingredientes, partir por la mitad los huevos de codorniz y aliñarlo todo con un chorreón de aceite de oliva, sal y pimienta al gusto y una cucharadita de pimentón dulce esparcido finamente por encima, aquí tenéis la ensalada.

 Las hojas de rúcula están cortadas a trozos de unos dos centímetros.

 La chalota está cortada en rodajitas finas de unos 3 milímetros y el tomate a cuadritos.

¡Qué apetitosa se ve!, ¿verdad?
Os aseguro que me ha sabido a gloria.

¡Buen provecho, amigos!