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viernes, 20 de mayo de 2011

Tajinaste rojo, la sangre del Teide


Parecen plantas de otro mundo, primitivas, antediluvianas, extraterrestres, extrañas, dedos de sangre saliendo de la lava y apuntando hacia el sol. Emociona e impresiona verlos por primera vez en plena floración. El recuerdo que dejan en la memoria es indeleble, jamás se puede olvidar. Son un gran espectáculo de la naturaleza, exuberantes, como gigantes vegetales en comparación con las demás plantas que crecen en el inmenso cráter, casi todas a ras de tierra. Ellos no le temen a nada, ni al viento, ni a la sequía, ni al sol tórrido del mediodía, ni al frío alpino de la noche. Se yerguen orgullosos hacia el cielo hasta superar a veces los tres metros de altura. Son los Tajinastes rojos del Teide, la sangre del Teide, el orgullo de Tenerife. 

Su nombre científico, Echium wildpretii subsp. wildpretii, le fue dado por los botánicos británicos Pearson y Hook en honor al horticultor suizo Hermann Wildpret que residió en La Orotava durante el siglo XIX. Pertenece a la familia de las Boraginaceae. Crece en las laderas del cráter del Teide, a pleno sol, sobre la grava y las rocas volcánicas a 2.000 metros de altura. (Os recomiendo ampliar las fotos con un doble click para apreciar su belleza espectacular).

Los ví por primera vez hace cinco años y me impactaron. Fueron para mí como un gran regalo de la naturaleza, una explosión de belleza en su estado más puro. Mi corazón latió con fuerza y mis ojos se humedecieron ante aquel espectáculo grandioso. No practico ninguna religión, pero no pude evitar que me viniera a la memoria la primera frase de una oración en latín que en mi infancia aprendí siendo monaguillo: GLORIA IN EXCELSIS DEO, es decir, Gloria a Dios en las alturas. Gracias fuerza creadora, dios todopoderoso, energía cósmica, ser supremo, lo que seas, gracias por permitirme ver esta maravilla de la naturaleza. Mi largo viaje desde el lejano Mediterráneo ha valido la pena.

Ante estas hierbas imponentes uno se imagina lo que debieron sentir las primeras generaciones de guanches cuando, recién llegados desde la costa africana con su primitiva cultura bereber, vieron por primera vez los tajinastes rojos. Es posible que se postrasen ante ellos y los adorasen como a dioses, los dioses del Teide que cuando se enfadaban rugían y escupían fuego y cuando estaban contentos dejaban asomar sus dedos rojos para que los hombres les adorasen y les ofreciesen sacrificios de sangre.

Su floración empieza siempre aproximadamente el día 10 de mayo y alcanza su máximo esplendor una semana después, prolongándose hasta principios de junio. Algunos años se adelanta o retrasa unos pocos días según haya hecho más o menos frío en invierno. Las demás plantas del crater florecen al mismo tiempo, como la crucífera Descurainia bourgaeana con su magnífica floración amarilla. Ambas son endémicas de la zona subalpina de las Cañadas del Teide.

Sus semillas llevadas por el viento y el agua germinan sobre la tierra volcánica muy rica en nutrientes minerales y dan lugar a una pequeña planta en forma de roseta de hojas linear-lanceoladas, muy velludas, adaptadas al frío alpino, al calor tórrido y a la sequía. Durante varios años la roseta se va agrandando y acumulando nutrientes y agua en sus raíces.

Cuando el tajinaste rojo alcanza la madurez su yema central crece hacia arriba y produce una larga inflorescencia con los capullos florales cubiertos por hojas cada vez más pequeñas.

Los Tajinastes rojos estuvieron a punto de extinguirse por la intensa presión del ganado que pastaba por las Cañadas del Teide y se comía las rosetas de hojas tiernas. El Gobierno Canario tuvo que prohibir el pastoreo a los ganaderos en todo el Parque Nacional del Teide y desde entonces la especie se ha recuperado hasta el punto que ya no está incluída en el Catálogo de Especies de la Flora Canaria en Peligro de Extinción.

La especie Echium wildpretii tiene dos subespecies, la tinerfeña de flores intensamente rojas, Echium wildpretii subsp. wildpretii, el Tajinaste rojo propiamente dicho y la subespecie endémica de la isla de La Palma de flores rosadas, Echium wildpretii subsp. trichosiphon, llamado Tajinaste rosado, muy escaso y protegido por la ley, incluido en el Catálogo Canario de Especies protegidas.

Esta fotografía fue tomada el día 6 de mayo. En ella se ven los capullos florales a punto de abrirse. Al igual que las hojas, los capullos están cubiertos por tricomas como pequeñas agujas que se clavan en la piel al tocarlos. Los tricomas de las hojas son menos punzantes.

Y por fin se produce el milagro de la floración. Se abren en primer lugar los capullos orientados hacia el Este. Esta fotografía fue tomada el día 11 de mayo.

El mismo día 11 de mayo, en una ladera protegida del viento frio del Norte, encontré este magnífico ejemplar ya completamente florecido, rodeado por varias matas de la crucífera endémica, Erysimum scoparium, llamada Alhelí del Teide.

Las primeras flores del Tajinaste rojo son extraordinarias. Sus estambres azules resaltan sobre el rojo intenso de los pétalos.

Las abejas melíferas liban el abundante néctar como enloquecidas, embriagadas. Su vuelo de flor en flor produce un intenso zumbido que rompe el silencio del cráter.

Si se mira la inflorescencia se observa que las flores se van abriendo dibujando una espiral ascendente. Tras la floración, en verano maduran las semillas que son dispersadas por las laderas del cráter y esperan pacientemente las primeras lluvias del otoño para germinar.

Y como ocurre con todos los seres vivos llega el final, la muerte. La orgullosa inflorescencia de cerca de tres metros se seca y el viento la tumba. Es el triste recuerdo de lo que un día fue una de las plantas más hermosas de Tenerife.

Incluso muerto, el Tajinaste rojo sigue mostrándonos la belleza de la estructura de su inflorescencia. Cada flor deja una impronta en la corteza reseca.

Una foto cercana nos permite apreciar el diseño en forma de piel de cocodrilo. La naturaleza nunca deja de sorprendernos.

Una nueva generación de Tajinastes rojos crece a los pies del cadaver de su madre. Debo irme. Otras maravillosas plantas tinerfeñas me esperan. Me llevo un gran tesoro fotográfico en mi cámara, el mejor de los recuerdos. Antes de subir al coche me doy la vuelta y le prometo a este pequeñajo que un día volveré a admirar la belleza de sus hijos o sus nietos. Y de nuevo la emoción acelerará mi corazón, como se emocionaron los masacrados guanches ante lo que ellos creyeron dioses surgidos de la lava.



13 comentarios:

  1. ¡Gracias por permitir que me emocione con estas imágenes! Yo también los vi por primera vez en 2006, pero ya no tenían flor, era octubre.
    Hace dos años estuve entre los Tajinastes del Teide la primera semana de junio en plena floración y disfruté un montón. También en navidad del año pasado me detuve a ver el efecto de la piel de cocodrilo subiendo a Guajara, una textura preciosa.

    Un saludo.

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  2. Muy buena entrada. A pesar de ser una planta, me evoca un aire muy animal. La inflorescencia seca me recuerda incluso a una piel de serpiente.

    saludos!

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  3. Recientemente viajé a la isla de la Palma y tuve el privilegio de encontrar el taginaste rosado. Ahora que sé es tan escaso y protegido razón de más para valorarlo. Merece la pena el viaje tan solo para verlo. Saludos Agustin.

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  4. Muy bueno su artículo, pero los Guanches no eran un pueblo primitivo. Vivían en armonía con la Naturaleza. Los bárbaros llegaron después en carabelas y con una cruz

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  5. Anónimo, respecto a los guanches, le aseguro que para mi son un pueblo admirable, que sufrió un genocidio físico y cultural atroz. Ojalá las Islas Canarias siguieran habitadas por el pacífico pueblo guanche. Seguramente los exuberantes bosques de laurisilva que cubrían las islas seguirían prácticamente intactos.

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  6. A principios de Junio tuve el placer de ver esta hermosa planta. Me emocioné mucho, pues era la primera vez que la veía, también que nunca habìa oido hablar de ella. Nada, un verdadero placer.

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  7. Yo me he tenido que conformar viendo sólo su esqueleto pero gracias a tu blog no sólo las he visto en su momento con más colorido sino que me has contagiado la admiración que sientes por ella.

    Jordi D.

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  8. Yo he tenido la gran suerte, de ser canaria y de disfrutar de toda la vegetacion que tiene canarias, unas mas que otras, pero los tajinastes son bellisimos. Me quito el sombrero ante tanta belleza....!!!!!Tenerife- Caracas

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  9. El sábado pasado subí a las cañadas para ver los tajinastes, la mayoría están en flor aunque pequeños, supongo que ha sido porque este año el tiempo no ha sido muy favorable. Disfruté muchísimo porque me llevaron a un lugar donde nunca había estado para verlos, era en el pinar que rodea la cara sur de las cañadas, el verde y marrón de los pinos estaba salpicado del rojo intenso de estas plantas tan maravillosas. Increíble.
    Aún viendo cada día el Teide nunca dejará de fascinarme y sorprenderme.
    Sin duda a estas plantas hay que venerarlas como muy bien ha expresado en su artículo y por ello le estoy agradecida

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  10. Me ha encantado esta entrada, me emociona la sutiliza y cariño con el que hablas de esta especie. Lo utilizaré con mis alumnos, es importante hacerles apreciar el legado natural tan importante que tenemos los canarios. ¡Gracias!

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  11. Muchas gracias a todos. Me alegra saber que mi blog os ha gustado.

    Myriam, es para mí un honor que vayas a utilizar esta entrada para sensibilizar a tus alumnos.

    Un cordial saludo a todos.

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  12. Gracias por esta entrada, escrita y redactada desde el corazón, la admiración y el respeto a la vegetación autóctona de Canarias.

    Sin duda los Tajinastes del Teide en flor es un paisaje y un escenario para emocionarse. Muchas veces dudo si compartirlo, pues temo que los desaprensivos y la extensa legión de personas que no respeta estos tesoros los acabe exterminado. Sería una pérdida irreparable.

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