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sábado, 30 de julio de 2011

Centaurium bianoris, una especie en formación

 El bellísimo color salmón de las flores del Centaurium bianoris es quizás lo más llamativo de este híbrido alotetraploide natural. Su genoma todavía no está completamente estabilizado y definido, sigue evolucionando desde hace millones de años y este hecho es el responsable de la gran variabilidad en la tonalidad del color salmón de sus pétalos, que puede ir desde un color azufrado, Centaurium bianoris var. sulfureum, pasando por el típico color salmón más o menos intenso, Centaurium bianoris var. bianoris, hasta una tonalidad claramente rosada, Centaurium bianoris var. roseum. Esta gran variabilidad cromática es consecuencia de la inestabilidad de sus cromosomas y sus genes, ya que en su genoma tetraploide conviven con distintos grados de armonía los genomas completos de dos especies diploides del género Centaurium. Pertenece a la família de las Gentianaceae.


Durante muchos años los botánicos pensaron que sus progenitores eran el Centaurium pulchellum y el Centaurium maritimum, ya que aparentemente sus características macroscópicas así lo hacían suponer. Recientemente la ingeniería genética ha dado un vuelco a esta suposición y se ha podido saber por fin sin ningún género de dudas que sus padres son el diploide Centaurium tenuiflorum subsp. acutiflorum de flores rosadas y el también diploide Centaurium maritimum de flores amarillas. Se ha podido averiguar incluso que en el momento de la hibridación hace millones de años el padre que aportó el polen fue el Centaurium tenuiflorum subsp. acutiflorum y la madre que aportó el óvulo y por consiguiente el sistema metabólico con los cloroplastos fue el Centaurium maritimum. En la foto se ven las flores de la família, arriba los dos progenitores y abajo el hijo híbrido.

El color salmón de sus pétalos, un carácter realmente escaso en la naturaleza, le confiere una gran belleza. Recomiendo ampliar las fotos con un doble click.

Una característica muy llamativa de las flores son las anteras espiraladas de los estambres.

Los cloroplastos en las plantas son el equivalente a las mitocondrias en los mamíferos, las cuales se heredan siempre por via materna a través del cromosoma mitocondrial del óvulo femenino. Tanto los cloroplastos vegetales como las mitocondrias animales regulan el metabolismo en cada individuo, de manera que la mayoría de seres vivos heredan el metabolismo de sus madres y tienen por tanto más carga genética materna que paterna. En el caso del Centaurium bianoris los genes heredados de su madre, el Centaurium maritimum, pesan más que los de su padre y así se ha podido constatar en los estudios genéticos. Recomiendo leer el magnífico artículo en PDF de la Dra. Alessia Guggisberg, el Dr. François Bretagnolle y el Dr. Guilhem Mansion.  Allopolyploid Origin of the Mediterranean Endemic, Centaurium Bianoris, Inferred by Molecular Markers


 El genoma del Centaurium bianoris es muy inestable y su fenotipo es extraordinariamente variable. Antes del auge de la ingeniería genética se suponía que las variedades roseum y sulfureum eran fruto de la retrohibridación con uno u otro de sus progenitores, pero los estudios genéticos han descartado esta posibilidad y las diferencias en el color de las flores se han atribuído al silenciamiento genético, es decir, al bloqueo del gen de una tonalidad y a la activación del gen de otra tonalidad. Así en la variedad sulfureum estaría silenciado o bloqueado el gen rosado procedente del progenitor Centaurium tenuiflorum, mientras que en la variedad roseum sería el gen amarillo del Centaurium maritimum el que estaría silenciado. También en las hojas y otras partes de la planta han sido encontradas diferencias fenotípicas por silenciamiento genético. 


 Es evidente que el Centaurium bianoris todavía no ha llegado al final de su proceso de especiación, sigue ensayando y jugando con sus genes en la larga búsqueda de su estabilidad genética que se inició con la hibridación primigenia, de la que surgió un híbrido alodiploide estéril, el Centaurium X bianoris (TM) con la mitad de su genoma del Centaurium maritimum (MM) y la otra mitad del Centaurium tenuiflorum (TT). La falta absoluta de homología en los cromosomas de su genoma hacía imposible la formación de semillas viables. Estaba abocado a la extinción tras su muerte, ya que en general los híbridos alodiploides suelen ser individuos únicos que mueren sin descendencia. Sin embargo, tras muchos ensayos durante millones de años, la naturaleza consiguió superar este reto y logró generar un híbrido alodiploide fértil con una inteligente mutación en la meiosis, llamada apomeiosis (ausencia de meiosis), que le permitió producir gametos diploides (normalmente son haploides) en cada uno de los cuales había todos los cromosomas de su progenitor. De esta manera un grano de polen diploide (TM) fecundó un óvulo diploide (TM) y generó una planta nueva alotetraploide (TTMM), con dos genomas enteros en su núcleo. Acababa de nacer el Centaurium bianoris.

Las flores tienen 5 pétalos y son diminutas. Para hacernos una idea basta comparar la flor de la imagen con la yema del dedo anular de mi mano izquierda. 

 El Centaurium bianoris ama el sol directo. Su hábitat ideal son los claros muy iluminados de los pinares y las garrigas secas mediterráneas sobre suelos con escaso sustrato en general cubierto de musgos y líquenes. Suele compartir el hábitat con jaras, romeros, lentiscos, acebuches, phillyreas, ophrys, barlias, merenderas, blackstonias, gamones, esparragueras, etc... Es una hierba de ciclo anual con una roseta de hojas basales y un tallo erecto que acaba en una inflorescencia ramificada. Las hojas del tallo son opuestas y ovado-lanceoladas. Suele florecer en mayo y junio.

 Variedad roseum con un delicado tono rosado, por el silenciamiento del gen amarillo y predominio del gen rosado del progenitor Centaurium tenuiflorum subsp. acutiflorum.

Variedad sulfureum con predominio del gen amarillo del progenitor Centaurium maritimum.

Este bellísimo híbrido es endémico de Mallorca, Ibiza y Formentera. Sus dos progenitores conviven en otras muchas regiones de Europa Occidental y Norte de África, pero curiosamente no han conseguido hibridarse o si lo han hecho el híbrido no ha logrado superar la esterilidad, al carecer de la mutación que causa la apomeiosis durante la formación de los gametos.






domingo, 24 de julio de 2011

Cochinilla del Carmín, una plaga buena contra una plaga mala

La cochinilla del carmín, Dactylopius coccus, es un pequeño insecto originario de México parásito de los cactus del género Opuntia. Antes de la aparición de los colorantes sintéticos fue ampliamente criada para obtener el colorante rojo carmín, también llamado grana cochinilla, rojo natural 4, crimson lake, nocheztli o simplemente E120. El carmín ya era usado por los indios prehispánicos para teñir sus ropas y cabellos, colorear las pinturas murales de sus palacios y edificios religiosos y maquillar la cara de los sacerdotes.

A principios de mayo del año 2007 visité por primera vez la bellísima isla canaria de La Palma. Tras disfrutar de la exuberante vegetación de la mitad norte de la isla me dirigí hacia el sur, mucho más seco y caluroso. En Tazacorte aparqué el coche junto a un bar donde tomé un café muy bueno con unas pastas canarias. Cogí luego mi querida cámara compacta y me dispuse a fotografiar todas las plantas interesantes que había en las calles, jardines y huertos de aquella hermosa villa. 

Lo primero que me llamó la atención fueron unos helechos asilvestrados de la especie Pteris vittata que crecían en las grietas de unas rocas que bordeaban una calle. Unos metros más allá en una curva muy cerrada había una vigorosa Opuntia ficus-indica cultivada en un huerto particular, cuyas palas parecían cubiertas de nieve. En cuanto me acerqué supe que se trataba de la famosa cochinilla del carmín. No la había visto nunca y mi alegría fue muy grande. Por suerte las palas estaban a la altura de mi cabeza y no me fue dificil tomarles unas cuantas fotos. El único problema eran los coches que circulaban a gran velocidad en pleno casco urbano y al no haber cuneta ni acera tomaban la curva casi pegados al muro del huerto. Con gestos poco amigables hacían sonar el claxon y me increpaban furiosos. Tenían toda la razón, pero yo no me podía ir de La Palma sin unas cuantas fotos de estos animalitos tan famosos. Tras más de 50 años ingiriendo el colorante de sus abdómenes por fin veía su fuente.

Polos y helados color fresa, yogures color fresa, mermeladas de fresa, cereza y frambuesa con carmín añadido para reforzar el color rojo, la gelatina roja, el famoso licor Campari, el vermout Martini Rosso, algunos embutidos, los sustitutos de la carne de cangrejo, los caramelos rojos, los famosos m&m's de chocolate, las gominolas y otras chucherías, los cereales Kelloggs con sabor a fresa, los zumos de frutas rojas, algunas salsas de tomate, las grageas y cápsulas medicinales teñidas de rojo, los jarabes expectorantes y antitusivos con sabor y color a fresa, los jarabes antibióticos para niños de color rojo, pastas dentífricas rojas, elixires bucales rojos y otros muchos productos alimenticios, farmacéuticos y cosméticos, como pintalabios, sombra de ojos y polvos rosados de maquillaje, llevan el colorante rojo carmín de la cochinilla Dactylopius coccus.

Pequeñas colonias de hembras de cochinilla del carmín sobre una pala de Opuntia ficus-indica. Ampliando las fotos con un doble click se ven mejor los detalles.

Tras unas décadas de declive vuelve a aumentar el interés por este invertebrado. El rechazo cada vez mayor a los colorantes químicos sobretodo en la industria alimenticia y el reciente auge de los métodos naturales de lucha biológica para el control de las plagas han hecho resurgir estos criaderos de cochinillas sobretodo en Perú que produce el 84% de la demanda mundial, seguido por las Islas Canarias con el 8%, Chile con el 6% y Bolivia con el 2%. Se exportan tanto el colorante como las ninfas vivas de Dactylopius para ser usadas en el control biológico de los cactus del género Opuntia que han invadido extensas regiones del planeta. Estas plantas americanas, al no tener enemigos naturales fuera de centroamérica y sudamérica, se asilvestran con facilidad en los países donde son introducidas y llegan a ocupar miles de hectáreas, imposibilitando el pastoreo y cultivo de estas tierras y poniendo en serio peligro la flora autóctona que no puede competir con estas plantas alóctonas tan agresivas. La infestación intencionada de las opuntias con ninfas de cochinilla, es decir, su utilización como contraplaga, parece obtener resultados espectaculares, logrando reducir su crecimiento y expansión hasta niveles soportables para el ecosistema.

Colonia de hembras de cochinilla del carmín en diferentes etapas de crecimiento. Tanto los machos como las hembras se alimentan de la savia de las opuntias y para llegar a ella perforan la cutícula de las palas con un estilete bucal en forma de aguja para inyectables y sorben así la rica y nutritiva savia de estas cactáceas americanas a las que debilitan y acortan la vida. Las opuntias severamente infestadas languidecen rápidamente y mueren a los pocos meses, no superando en ningún caso los seis años.

Otra colonia de hembras de Dactylopius coccus. Este insecto tiene un dimorfismo sexual muy marcado. Los machos son pequeños y alados. Alcanzan la madurez unas semanas antes que las hembras y vuelan durante la noche de pala en pala a la búsqueda de hembras receptivas, las cuales carecen de alas y permanecen toda su vida en la misma pala. Cuando encuentran una hembra madura la estimulan con sus patas delanteras y si ésta acepta al macho entonces éste se sitúa a un lado de la hembra, busca una de las dos aberturas genitales que tiene ésta bajo su abdomen, introduce el esperma y fertiliza los huevos del ovario del mismo lado, pasa luego al otro lado y repite los mismos pasos para fertilizar los huevos del otro ovario. Entonces la hembra grávida aumenta rápidamente de tamaño y su voluminoso abdomen se llena de huevos rodeados de carmín, el cual resulta ser un veneno mortal para sus depredadores naturales, sirviéndole de esta manera como protección para no ser devorada.

Cuando los huevos están maduros salen del aparato genital de la hembra y entran en una especie de marsupios o bolsas formadas por expansiones membranosas que la hembra tiene en la cara ventral de su abdomen, donde eclosionan y alcanzan la fase de ninfas. Finalizada esta etapa la hembra "pare" las ninfas sobre la penca o pala de la opuntia y éstas empiezan a succionar savia para aumentar de tamaño.  

Ampliando la foto con un doble click se pueden ver pequeñísimas ninfas recien paridas alrededor de sus madres. Cuando han alcanzado un cierto tamaño segregan unos filamentos cerosos parecidos a los de las semillas de álamo y esperan pacientemente que una ráfaga de viento las levante y las lleve hasta otra opuntia. En esta fase reciben el nombre de ninfas migrantes y su sistema de transporte por el viento se llama anemocoria, muy usado por las semillas de muchas plantas. Si logran caer sobre una pala, bien de la misma opuntia o de otra más lejana, perforan la cutícula con su estilete bucal y empiezan a alimentarse y a aumentar de tamaño hasta alcanzar la madurez, momento en que son fecundadas durante la noche por un macho volador venido de otra opuntia y vuelta a empezar su ciclo de la vida.

Imagen cercana de varias cochinillas del carmín llenas de huevos con sus cuerpos cubiertos de escamas cerosas blancas que las protegen de los rayos solares. A la derecha se ven varias ninfas diminutas recien nacidas con largas patas que les permiten desplazarse por la opuntia a la búsqueda de una pala no infestada. Si no encuentran un buen lugar en la misma opuntia, entonces se transforman en ninfas migrantes y vuelan con la ayuda del viento hasta otra opuntia.

Si se aplasta con los dedos una cochinilla adulta resulta estar llena de huevos inmersos en carmín líquido de un vivo color rojo sangre. Las manchas que quedan en los dedos tardan varios días en desaparecer.

Algunas personas desarrollan alergia a este colorante. Los pintalabios son especialmente peligrosos. La amplia utilización del carmín en multitud de alimentos, bebidas, medicamentos y cosméticos hace casi imposible evitar la exposición al alérgeno.

También los vegetarianos estrictos tienen un serio problema con este colorante. Se ven forzados a leer detenidamente las etiquetas de los componentes de todos los alimentos y bebidas, especialmente los que tienen un sospechoso color rojo, donde con suerte sus fabricantes se limitan a poner "colorante natural E120".

La sustancia que da el color rojo al carmín es el ácido carmínico. Este colorante se obtiene secando las hembras grávidas al sol tras arrancarles por fricción las escamas cerosas blancas que las protegen de los rayos solares, es decir, son despellejadas y cocidas vivas. Una vez secas son trituradas para convertirlas en un polvo rojo. Este carmín en bruto se puede comercializar tal cual o bien se puede purificar a través de varios procesos químicos hasta obtener ácido carmínico con un elevado grado de pureza. Lógicamente a mayor pureza mayor es el precio alcanzado en los mercados. El mejor carmín contiene un 22´5% de ácido carmínico y recibe el nombre de carmín premium, le siguen el carmín de primera con un 19´5% y el carmín de segunda con un 10% de pureza.
 
Así pues resulta que las mujeres se pintan los labios y el contorno de ojos con las entrañas de cochinillas grávidas, las telas ecológicas son teñidas de un bellísimo color rojo sangre con cochinillas grávidas, cuando mascamos un chicle rojo estamos machacando entrañas de cochinillas grávidas, cuando saboreamos una jugosa hamburguesa bien roja o un delicioso helado de frutas del bosque nos estamos comiendo las entrañas de cochinillas grávidas y cuando nos enjuagamos la boca con un elixir rojo empapamos nuestros dientes, lengua, paladar, encías y garganta con entrañas de cochinillas grávidas. Uffff, esperemos que los huevos no eclosionen en nuestros intestinos y las ninfas no se metan en un marsupio equivocado de nuestra anatomía. 

¡¡¡Felices sueños, amigos!!!

sábado, 16 de julio de 2011

Candidatus Phytoplasma pini, fabrica escobas para las brujas

No es ni un virus ni una bacteria, pero tiene características de ambos microorganismos. Sería pues un paso intermedio, un eslabón en la evolución. No puede vivir de manera independiente como hacen las bacterias sino que forzosamente necesita habitar dentro del citoplasma de una célula vegetal, pues carece de membrana celular y sistema metabólico y reproductivo autónomos y se aprovecha de las enzimas y los orgánulos de la célula vegetal para sobrevivir y perpetuarse. Es un plásmido especial más evolucionado y diferente a los plásmidos que parasitan las bacterias y levaduras, adaptado a la parasitación de las células de las coníferas del género Pinus.

 Escoba de brujas o Injerto de brujas sobre un Pinus halepensis en un inmenso bosque del municipio gaditano de Jimena de la Frontera. Estas malformaciones, verdaderas tumoraciones vegetales, son provocadas por la infección por el plásmido Candidatus Phytoplasma pini.

Hasta no hace mucho era tan grande la ignorancia sobre este extraño microorganismo que ni siquiera tenía nombre científico binomial como el resto de seres vivos de la Tierra. La comunidad científica internacional al final se ha puesto de acuerdo y le ha dado un nombre formado por tres palabras, Candidatus Phytoplasma pini. La palabra Candidatus se aplica delante del nombre científico para indicar que se trata de un microorganismo perfectamente caracterizado y estudiado pero imposible de cultivar, ya que vive siempre en el interior de células superiores y no puede ser aislado.

Misma escoba de brujas anterior vista desde más cerca.

Estructura de las ramificaciones de la escoba de brujas anterior. El plásmido provoca un crecimiento enanizante acortando las ramas que crecen apelotonadas, de manera que las que quedan en el interior de la escoba se secan por falta de luz. Debido a la maraña que se forma las ramillas secas no pueden desprenderse y aumentan exageradamente el peso de la escoba que a veces llega a romperse y cae liberando al pino de la rama parasitada. Las acículas también crecen mucho más cortas y las piñas son completamente normales pero mucho más pequeñas, al igual que sus semillas, las cuales a pesar de la parasitación son perfectamente viables.

Estos plásmidos vegetales o fitoplasmas no se pueden ver ni aislar como seres individuales, solamente es posible ver y analizar los efectos de su parasitación sobre las plantas. Tampoco pueden dispersarse de manera activa por si mismos, sino que necesitan un vector para infectar las plantas y propagarse. Para ello utilizan insectos, ácaros, nemátodos, aves, etc... que transmiten el plásmido de planta a planta mediante las diminutas heridas que causan a las plantas al alimentarse de ellas. El contagio también puede provocarlo el hombre a través de herramientas contaminadas, como por ejemplo tijeras de podar, serruchos, motosierras, hachas, etc... Y por último un árbol enfermo puede propagar la infección a través del roce de sus ramas con las ramas de los árboles vecinos.

Injerto de brujas o Escoba de brujas completamente esférica sobre un Pinus halepensis de la antiquísima alquería árabe de Castellitx, perteneciente al municipio de Algaida situado en el centro de la Isla de Mallorca.

 Injerto de brujas anterior un año después visto desde más cerca con el zoom.

Otra escoba de brujas muy compacta en el extremo de una larga rama de un Pinus halepensis de la misma alquería mallorquina de Castellitx.

Imagen cercana de la rama enferma anterior. Tiene un aspecto muy saludable con unas acículas de un vivo color verde claro y numerosas piñas.

Los científicos, para saber si una rama está enferma, deben analizar sus células utilizando sofisticados métodos de ingeniería genética, como es la PCR (reacción en cadena de la polimerasa), a través de la cual consiguen aislar e identificar algunos genes específicos de este plásmido, como el gen 16S rRNA.

Escoba de brujas sobre un Pinus canariensis del municipio canario de Santiago del Teide situado en el extremo sur de la Isla de Tenerife.

El plásmido Candidatus Phytoplasma pini, una vez ha conseguido penetrar en las células del floema de un árbol sensible, integra su genoma en el núcleo de la célula vegetal parasitada, de manera que la célula infectada pasa a ser controlada por el ADN del plásmido. Tal es el grado de integración nuclear que los piñones producidos por las pequeñas piñas de las escobas de brujas, si se siembran, germinan sin problemas pero el crecimiento de la plántula es muy lento y tras bastantes años se convierte en un pino enano, un verdadero bonsai natural. Es posible que a lo largo de millones de años de parasitación de algunas plantas por virus o plásmidos se hayan formado nuevas especies que actualmente tienen ya el genoma bien estable con una integración total del ADN del huesped y el parásito.

Pinus halepensis joven afectado en su totalidad por el Candidatus Phytoplasma pini en un bosque de pinos, lentiscos y acebuches del municipio mallorquín de Bunyola.

Con los avances cada vez más sofisticados del estudio del genoma seguramente habrá muchas sorpresas y es muy probable que se descubra el origen viral o plasmídico de un gran número de especies y subespecies, tanto animales como vegetales o bacterianas. De hecho las plantas y animales transgénicos "creados" por los científicos para obtener nuevos seres con características "provechosas" para el hombre siguen el mismo principio que las escobas de brujas: vacas con el gen de la insulina humana integrado en su genoma que producen leche con insulina, arroz con el gen de resistencia a la sequía procedente de un cereal del desierto que permite su cultivo exitoso en terrenos con escasas lluvias, cerdos con varios genes de su genoma sustituidos por genes humanos cuyos órganos podrían ser aprovechados para trasplantes sin provocar rechazo en el receptor, ratones fluorescentes con el gen de un crustáceo marino, cabras con varios genes de su genoma sustituidos por genes vegetales cuya leche contiene grasas "buenas" sin colesterol nocivo para las arterias humanas, etc...

Otro injerto de brujas sobre un Pinus canariensis  en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, situado en la Isla de La Palma.

Los viveristas buscan con mucho interés estas escobas de brujas. Con sus semillas hacen planteles de pinos enanos y con sus ramas enfermas injertan pinos sanos que crecen como pequeñas escobas de bruja. Tanto unos como otros alcanzan elevados precios en el mundo de los coleccionistas de coníferas para ser sembrados en jardines particulares como verdaderas rarezas botánicas. También los aficionados al arte del Bonsai conocen muy bien estas escobas de bruja, con cuyas semillas e injertos de ramas consiguen bellísimos ejemplares de bonsai que por su lentísimo crecimiento ponen a prueba su maestría y su paciencia.

Sin embargo a veces ocurre que del centro de la copa de uno de estos pinos enanos, sobretodo de los conseguidos por injerto, emerge una vigorosa rama normal completamente sana y el resto del injerto se acaba secando, como si súbitamente el pino se hubiera curado por sus propios medios. Hasta el momento no se conoce la explicación de estas curaciones espontáneas.

 Escoba de brujas sobre un Pinus halepensis, fotografiado en el Parque Regional El Valle y Carrascoy, situado en la província de Murcia. Había bastantes a lo largo de toda la pista forestal.

Hay muchos otros fitoplasmas, cada uno de ellos específico de una determinada especie vegetal, como el Candidatus Phytoplasma aurantifolia, que afecta a la lima, el Candidatus Phytoplasma fraxini, que afecta al fresno, el Candidatus Phytoplasma castaneae, que afecta al castaño, el Candidatus Phytoplasma mali, que afecta al manzano, el Candidatus Phytoplasma oryzae, que afecta al arroz, el Candidatus Phytoplasma ziziphi, que afecta al azufaifo y el Candidatus Phytoplasma trifolii, que afecta a las leguminosas del género Trifolium. Todos estos fitoplasmas provocan malformaciones vegetales similares a las escobas de brujas de los pinos.




sábado, 9 de julio de 2011

Notholaena marantae subsp. subcordata, sacerdotisa del dios Sol

Su querencia por el sol es quizás la característica que mejor define a la Notholaena marantae, un extraño helecho velludo adaptado a soportar los largos meses de sequía pertinaz del verano macaronésico, la irradiación directa e intensa del sol del mediodía y el calor tórrido abrasador de las rocas orientadas al sur de las Islas Canarias, la Isla de Madeira y las Islas de Cabo Verde. La Notholaena marantae que vive en la Macaronesia pertenece a la subespecie subcordata. Forma parte de la família de las Sinopteridaceae junto a Cheilanthes y Pellaea. En Canarias se la llama Doradilla acanelada, por el llamativo vello color canela que recubre el envés de las frondes. Su dotación cromosómica diploide es 2n =58, n = 29.

Acababa de dejar atrás la preciosa villa de Santiago del Teide y me disponía a subir hacia el Pico del Teide por una empinada carretera llena de curvas, construida sobre un antiguo río de lava negra. Serían las 10 horas de la mañana y la insolación era cegadora. Tras una curva, a cada lado de la carretera, apareció ante mis ojos de amante de los helechos una numerosa población de Notholaena, Cosentinia y Cheilanthes, todos ellos adoradores del sol y el calor, la antítesis de la idea que solemos tener de los helechos, pues al contrario que la inmensa mayoría de ellos, éstos tres géneros necesitan vivir a pleno sol, con muy poca humedad, mucho calor y mucha luz. Disfruté como un niño al que le acaban de regalar el juguete que más le gusta. Aparqué en un pequeño rellano de  la cuneta, saqué mi vieja cámara compacta que me ha acompañado en tantos viajes y me dispuse a darme un atracón de helechos. Al principio sólo veía Notholaenas con sus llamativas frondes erectas de más de 35 cms., pero al acercarme y mirar entre las rocas y piedras negras aparecieron numerosas Cosentinia vellea con su abrigo de vello blanco y pequeñas Cheilanthes pulchella, todas ellas con las frondes bien frescas y turgentes a pesar de la aparente sequedad y el calor abrasador.

Vigorosas Cosentinia vellea subsp. bivalens compartiendo el hábitat con las Notholaena marantae subsp. subcordata. Ampliando las fotos con un doble click se ven mejor los detalles.

Vieja Cheilanthes pulchella, que guarda un cierto parecido con la Notholaena, aunque sus dimensiones son mucho más modestas y carece de la típica vellosidad ferrugínea en el envés de sus frondes. Crece en el mismo hábitat, pero prefiere situaciones más sombreadas. Es un endemismo macaronésico que vive en las Islas Canarias y en Madeira.

Tal vez fué en la Isla de La Palma donde pude ver las Notholaenas más vigorosas con frondes de casi 40 cms., creciendo en la parte baja de este muro de contención construído para retener la grava y arena volcánicas de una pequeña loma cercana al Volcán Teneguía situado en el extremo sur de la isla. El sol era cegador y la temperatura a las 13 horas del mediodía debía rondar los 40ºC y sin embargo las Notholaenas y Cosentinias que allí crecían se veían bien turgentes y frescas. Arrodillado sobre la grava para hacerles buenas fotos descubrí su secreto. La arena negra basáltica que había detrás del muro estaba húmeda, muy húmeda, hasta el extremo de crecer sobre ella musgos y hepáticas. Entonces me pregunté de dónde podía venir aquella humedad en un lugar tan espantosamente seco e inhóspito, más parecido a un desierto que a una isla macaronésica. Levanté los ojos hacia la loma de grava volcánica y sin dejar de pensar me dí la vuelta y escaneé con la vista la falda del Volcán Teneguía que baja hacia el mar y entonces comprendí el secreto de aquel misterio al ver las curiosas plantaciones de viña que los palmeros tan inteligentemente siembran en pequeños agujeros excavados en la grava volcánica. La humedad venía de la brisa marina que cada mañana sube desde el mar cargada de humedad, choca contra la grava basáltica muy porosa que absorbe las gotas de rocío como una esponja y un agua dulcísima poco a poco, gota a gota, se va filtrando hacia el subsuelo y humedece las raíces de los helechos y las viñas, dándoles la vida.

Junto a esta bellísima Cosentinia vellea que crece en la falda del Volcán Teneguía, a la izquierda de la foto, se pueden ver pequeños talos de hepática y un poco de musgo sobre una arena llamativamente húmeda. Esta condensación de la humedad de la brisa marina sigue el mismo proceso que la lluvia horizontal, tan típica de la Macaronesia, sustituyendo las copas de los árboles de la Laurisilva por la porosa grava volcánica. 

Volcán Teneguía en la costa sur de la Isla de La Palma. En él tuvo lugar la última erupción volcánica en territorio español en 1971. Forma parte de un volcán mayor llamado Cumbre Vieja que fue declarado Parque Natural en 1987.  Justo detrás del Volcán Teneguía está el Océano Atlántico, cuya brisa cargada de humedad cada mañana cubre de rocío la negra lava basáltica. En primer plano se ven varios arbustos de Vinagrera, un endemismo canario de nombre científico Rumex lunaria.

Falda del Volcán Teneguía que desciende suavemente hacia el océano con un impresionante y exuberante viñedo que cubre la negrísima lava de una alfombra verde llena de vida. El vino que se obtiene de estos viñedos tiene una calidad extraordinaria con un bouquet magmático muy especial.

En la Isla de Madeira también crece la Notholaena marantae subsp. subcordata. Aquí vemos un bellísimo ejemplar cerca de la ciudad de Funchal.

Paseando por el Sendero largo del Pijaral, en pleno Macizo de Anaga, me encontré con este ejemplar de frondes péndulas, que al principio no supe qué era, pues en nada se parecía a una Notholaena. Cuando le dí la vuelta a una fronde para fotografiar los soros y ví la pilosidad ferrugínea, supe enseguida que se trataba de una solitaria Notholaena nacida en un hábitat poco adecuado para su especie, tal vez de una espora llevada por el viento. Sus frondes crecían hacia abajo en un desesperado intento de captar el máximo de luz solar, pues justo encima había un frondoso bosque de fayal-brezal que le daba sombra la mayor parte del día.

Este helecho amante del sol no siempre crece en lugares con aporte constante de agua durante todo el año. Estos dos ejemplares que viven entre las rocas de la falda sur del Pico del Teide, lejos del mar, tienen que soportar los largos meses de sequía del verano tinerfeño sin el aporte de la humedad de la brisa marina. Pero no temais, aunque aparentemente parecen muertos y resecos, su aspecto es pura adaptación. Cuando la tierra donde están enraizados se queda sin agua, el rizoma reabsorbe la savia de las frondes, las cuales se enrollan sobre si mismas y adquieren el aspecto de hierbajos resecos. Es tal su grado de deshidratación que si se estruja una fronde con la mano se deshace entre los dedos y sin embargo no está muerta. Con las primeras lluvias del otoño canario, a las pocas horas las frondes se rehidratan, se expanden, se desenrollan, reverdecen llenas de vida como si nada hubiera pasado. A este mecanismo adaptativo se le llama estivación.

Fronde de Notholaena marantae subsp. subcordata con la lámina bipinnada, ovado-lanceolada, el raquis rojizo y las pínnulas enteras o lobuladas en la base con el envés cubierto de páleas de un vivo color ferrugíneo o color canela.

Detalle de las pínnas y las pínnulas de un vivo color verde más o menos oscuro y unos curiosos pelos pluricelulares blanquecinos que surgen del raquis y el haz de las pinnas. Al igual que las paráfisis del Polypodium cambricum, estos pelos tendrían la función de sensores de la humedad ambiental e indicarían al helecho el momento óptimo para abrir los esporangios y dispersar las esporas.

Detalle de los pelos blancos pluricelulares.

Bellísimo color canela de las páleas que cubren el envés de las pinnas y el raquis.

Detalle de las páleas de la Notholaena marantae, más largas en el raquis, que cubren totalmente los soros con un abrigo protector. Entre las páleas también crecen pelos blancos pluricelulares, que como los del haz de la fronde, tendrían la misma función de detectar el grado de humedad ambiental, para dispersar las esporas en el momento más adecuado para su germinación.

Imagen microscópica de una pálea de Notholaena marantae.

Estructura de una pálea vista a 400 aumentos. Está formada por las carcasas de células muertas y vacías.

 Esporangio de gran tamaño con un anillo de células estrechas y muy juntas.

Esporas negras muy grandes y redondas con el perisporio crestado-reticulado.




jueves, 7 de julio de 2011

Retama del Teide, blanca como la nieve

La retama blanca del Teide, Spartocytisus supranubius, es una leguminosa arbustiva endémica de las islas de Tenerife y La Palma muy abundante en la zona subalpina de las Cañadas del Teide, donde forma parte de la comunidad vegetal llamada retamar compuesta por matorrales de cumbre. Comparte el hábitat con el tajinaste rojo, el codeso de cumbre, el escobón o tagasaste, el amagante, la hierba pajonera, el alhelí del Teide, la neuta o hierba gatera, el rosalito de cumbre y la hierba fistulera.

Bellísima imagen de un Spartocytisus supranubius  a unos 2.000 msnm con el Teide nevado al fondo en pleno mes de mayo. Su nombre de género Spartocytisus hace referencia a las características botánicas intermedias entre los géneros Spartium y Cytisus. Su nombre de especie supranubius está formado por dos palabras latinas: supra que significa "por encima de" y nubius, que significa "nubes", o sea, que crece por encima del mar de nubes que rodea como un anillo blanco las cumbres más altas de Canarias. Recomiendo ampliar las fotos con un doble click para verlas mejor.

Retama del Teide a punto de florecer a principios de mayo. Este arbusto alcanza los 2 metros de altura y es una de las plantas predominantes de la flora de alta montaña de Tenerife y La Palma.

Spartocytisus supranubius en el Puerto de Izaña a 2.338 msnm. junto a la carretera que va del Teide hacia Arafo. La foto está hecha el 11 de mayo. Había nieve en la cuneta.

Los brotes tiernos tienen hojas trifoliadas con folíolos lineares, al principio de un vivo color verde claro que se torna grisáceo con el tiempo.

Tallos de retama del Teide que permanecen sin hojas la mayor parte del año, ya que son caducas y se caen con los primeros frios del otoño. Para realizar la fotosíntesis los tallos conservan el color verde.

Spartocytisus supranubius  florido a principios de mayo en las laderas del cráter que rodea el pico del Teide creciendo sobre grava volcánica casi negra.

Exuberante floración blanca de la Retama del Teide

Detalle de una rama florida de la retama anterior.

Las flores tienen un intenso color blanco inmaculado como la nieve que brilla con luz propia.