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sábado, 25 de febrero de 2012

Lúcumo del Perú, un regalo de los Andes

Sus madres nacieron en los campos que circundan la ciudad peruana de Trujillo y ellos, mis lúcumos, sobrevolaron en forma de semilla toda América del Sur por encima de las exuberantes selvas del Amazonas, atravesaron luego el inmenso Océano Atlántico y llegaron tras muchas horas de vuelo a Europa.

 
Fruto maduro de lúcumo de palo.

Hicieron una parada en Sevilla pero no pudieron ver la maravillosa luz cegadora de Andalucía, pues estaban celosamente guardadas en la maleta de mi buen amigo Luís, peruano él, que me las traía como un regalo vivo, un trocito de su amado Perú. "¿Qué quieres que te traiga de mi tierra?", me había preguntado antes de partir en viaje de luna de miel. "Semillas de árboles", le había contestado yo.

Desde Sevilla continuaron su largo viaje y volaron hacia el este, hacia el sol, hacia el viejo Mar Mediterráneo, donde una pequeña isla de rocas blancas y un cielo luminoso intensamente azul les esperaba amorosa para adoptarlos y ser su nueva madre de ultramar.


Flor de lúcumo de seda.

El Lúcumo del Perú, de nombre científico Pouteria lucuma, Lucuma obovata o Achras lucuma, es un frutal subtropical de los valles andinos, especialmente abundante en el Perú, donde crece entre los 1000 y los 3000 msnm. También vive de manera natural en Ecuador, Colombia, norte de Chile y Bolivia. Pertenece a la família de las Sapotaceae y es todavía practicamente desconocido en el resto del mundo. Se está cultivando con más o menos éxito en Costa Rica, México y Hawai. También se ha intentado su cultivo en Florida y California, pero los frutos obtenidos han sido de mala calidad y algunos árboles han muerto por las heladas. Los primeros resultados de su siembra experimental en Australia y Nueva Zelanda parecen prometedores. Dada su buena adaptación a climas de tipo mediterráneo libres de heladas su cultivo podría ser exitoso en Sudáfrica y las zonas costeras del Mediterráneo. Su nombre procede de la palabra quechua lucma o rucma. Se conocen dos variedades: el lúcumo de palo y el lúcumo de seda. Las diferencias entre ambos son escasas y se limitan a la forma de los frutos, la textura de la pulpa y las hojas.

Hojas de Lúcumo de Seda. Es muy llamativo su gran parecido con las hojas del laurel.

El lúcumo del Perú es un árbol de hoja perenne que puede alcanzar hasta 20 metros de altura en condiciones óptimas de crecimiento, aunque en general no suele superar los 8 ó 9 metros. Las hojas miden entre 12 y 25 centímetros de longitud. Son lanceoladas y enteras y están dispuestas en forma alterna sobre el tallo. En algunos cultivares tienen los márgenes ondulados. Los brotes nuevos y los cálices de las flores son pubescentes, cubiertos por una suave lanosidad marrón.

Haz de las hojas de las dos variedades de lúcumo. Las hojas del lúcumo de seda son alargadas, acabadas en punta y más anchas en su mitad distal, mientras que las del lúcumo de palo son más redondeadas y más anchas en su parte media. Ambas tienen entre 10 y 14 nerviaciones dispuestas oblícuamente a cada lado del eje central del limbo.

Envés de las dos hojas anteriores de un color verde más pálido que el haz.

Flores y capullos de lúcumo de seda.

Las semillas que me regaló Luís germinaron sin problemas a las pocas semanas. Temía que el frío del invierno mallorquín pudiera matar los arbolitos recien nacidos, pero resultaron ser más resistentes a las bajas temperaturas y a las heladas que los naranjos y limoneros de mi jardín. También me preocupaba que la tierra calcárea de Mallorca les pudiera quemar las raíces, pero nuevamente me sorprendió su perfecta adaptación a la tierra mallorquina. Han pasado ya 26 años y se han convertido en árboles muy frondosos de más de 4 metros de altura con un tronco de 15 centímetros de diámetro, ramificado a partir de los 50-70 centímetros de altura. 

Flores ya fecundadas de lúcumo de palo.

Por propia experiencia he comprobado que, en contra de lo que aseguran algunos agricultores norteamericanos, el lúcumo del Perú resiste perfectamente temperaturas inferiores a +5ºC, incluso cortas heladas de hasta -3ºC. Como ejemplo tenemos el mes de febrero de 2012 que ha sido excepcional en Mallorca por las fuertes nevadas que se han ido repitiendo a lo largo de dos semanas. En mi jardín se ha llegado a acumular una capa de nieve de hasta 8 centímetros que se ha mantenido durante tres días seguidos, cubriendo los lúcumos con un grueso manto blanco. A lo largo de estas dos semanas de nevadas contínuas cada noche las temperaturas han bajado por debajo de los 0ºC y los lúcumos han superado la dura prueba sin presentar ningún daño aparente. Están magníficos.

También he comprobado su excelente resistencia a las elevadas temperaturas del tórrido verano mallorquín, soportando perfectamente los 40ºC de algunos días de agosto. Tampoco le ha perjudicado el viento reseco cargado de finísima arena procedente del desierto del Sáhara, el llamado Sirocco (Xaloc en mallorquín) que sopla varias veces al año llevando las elevadas temperaturas del norte de África hacia el Mediterráneo.

Aunque en su estado silvestre crece por encima de los 1000 msnm, en mi jardín vive estupendamente a tan solo 80 msnm. También en Perú y Chile se cultiva a nivel del mar sin ningún problema. Al igual que los cítricos, al lúcumo le gusta vivir a pleno sol, soportando bien una sombra parcial en sus primeros años.

Tres flores de lúcumo de seda. Recomiendo ampliar las fotos con un doble click para apreciar mejor los detalles.

Las flores son numerosas y crecen en las axilas de las hojas en grupos de dos a tres. Son bastante pequeñas, hermafroditas, actinomorfas y tubulares con cinco pétalos de color verde claro o amarillentos, soldados por su base. El androceo está formado por varios estambres soldados a la corola por la cara interna de los pétalos. Con frecuencia entre los estambres puede haber uno o dos verticilos adicionales reducidos a estaminoides sin ninguna antera en su extremo. El gineceo está formado por un único pistilo compuesto y un ovario en general con 4 ó 5 lóculos, aunque puede tener de uno a catorce, cada uno con un único óvulo axilar.

Detalle de los órganos reproductores de dos flores de lúcumo de seda.

Mis lúcumos tardaron entre 12 y 15 años en florecer por primera vez y un par de años más en dar sus primeros frutos. Me sorprendió mucho su época de floración a principios del verano, coincidiendo con la estación más seca de Mallorca. Aunque resiste muy bien la sequía, la falta de lluvias estivales perjudica mucho la producción de frutos, pues el árbol sufre mucho precisamente en el momento que más agua necesita. Los dos riegos semanales con goteo no son suficientes y el 90% de las flores caen justo después de la polinización o bien cuando empieza a engordar el ovario de los nuevos frutos.

Fruto de lúcumo de seda iniciando el crecimiento del ovario justo después de la fecundación de la flor.

Fruto maduro de lúcumo de palo.

En los valles andinos el lúcumo florece y fructifica durante todo el año. En Mallorca florece a principios de verano y los frutos maduran en otoño. El fruto es una baya. En la variedad lúcumo de seda los frutos tienen una forma redondeada, ovada con el ápice agudo. En la variedad lúcumo de palo los frutos son achatados, basalmente comprimidos con el ápice romo. La piel o exocarpio es fina y delicada y cambia de verde oscuro a verde claro y posteriormente a amarillo a medida que el fruto va madurando. Los indios del Perú esperan a que los frutos caigan al suelo, momento en que todavía no se pueden comer pues su pulpa es muy dura y contiene látex muy amargo. Para acelerar su maduración los entierran en paja, hojarasca o grano almacenado hasta que se ablandan. Entonces la pulpa despide un agradable aroma dulzón y ya pueden ser consumidos.

Pulpa y semillas del fruto anterior.

La pulpa o mesocarpio tiene un color amarillo intenso con un sabor muy dulce y un aroma muy agradable. En la variedad lúcumo de seda la pulpa es harinosa de consistencia muy suave. En la variedad lúcumo de palo la pulpa tiene una consistencia dura y firme. En ambos casos la pulpa representa el 60% del peso total del fruto.

El endocarpio es una membrana muy fina de color amarillo que envuelve varias semillas de color marrón oscuro con una cutícula dura muy brillante, cuyo número puede oscilar entre una y cinco, aunque en general son dos. Con frecuencia las semillas empiezan a germinar dentro del fruto, como se ve en la foto anterior.

Lúcumo de seda caído ya maduro del árbol a principios de octubre.

En los Andes los frutos del lúcumo pesan entre 150 y 250 gramos, llegando a superar un kilo en algunos cultivares. En mi jardín el peso de los frutos es algo menor, entre 50 y 150 gramos, tal vez por la sequía del verano mallorquín.

En los países andinos la pulpa es muy apreciada desde la antiguedad por los indígenas, aunque no suele consumirse en fresco dada su consistencia harinosa. Se han encontrado restos arqueológicos de cerámica en los cementerios indígenas de la costa de Perú con representaciones de este fruto. A mí personalmente me gusta comer los frutos muy maduros directamente a mordiscos sin pelar, pero en los Andes prefieren consumir la pulpa en forma de helados, batidos de leche, tartas, pasteles, postres, rellenos de galletas, alimentos infantiles, añadida al yogourt, etc... En Perú la pulpa es deshidratada y reducida a polvo y luego se añade como aditivo a todo tipo de preparaciones culinarias.

El lúcumo del Perú es un fruto con un gran futuro. Es previsible que en las próximas décadas vaya ganando nuevos mercados y nuevos consumidores en todo el mundo. Sería interesante fomentar su cultivo entre los campesinos andinos.

ooooooooOOOooooooooo

Edito este artículo el día 11 de septiembre de 2014 para añadir una foto de mi amigo Luís, doctor en Pediatría ya jubilado, que me trajo las semillas de su amado Perú hace más de 28 años. Esta tarde le he llevado a su casa varios lúcumos maduros para que se los coma con su esposa Francisca.

¡Buen provecho, Luís y Francisca! ¡Y muchas gracias a ambos!



sábado, 18 de febrero de 2012

Naranjita de Quito: una fruta con futuro

La Naranjita de Quito, de nombre científico Solanum quitoense, es un arbusto de la família de las Solanaceae que crece silvestre en los bosques subtropicales de los altiplanos de la Cordillera de los Andes entre 1200 y 2500 msnm en lugares sombreados y frescos cercanos a corrientes de agua con temperaturas entre 17 y 20ºC. Es especialmente abundante en Perú, Colombia y Ecuador. También se encuentra en forma silvestre en las selvas de Venezuela, Brasil, Costa Rica y Panamá y se ha asilvestrado a partir de ejemplares cultivados en algunas islas de la Polinesia y en países asiáticos como Borneo y China.

Bellísima flor de Naranjita de Quito en septiembre. La estructura floral es la típica de todas las solanáceas con 5 pétalos blancos, 5 estambres amarillos muy gruesos y un pistilo.

En Centroamérica lo llaman Naranjita o Naranjilla de Quito, Lulo (en idioma Quechua), Obando, Morella de Quito, Coconilla y Nuquí. Se conocen dos variedades: Solanum quitoense var. septentrionale, con espinas, que prefiere vivir en alturas superiores a los 2000 msnm. y es la forma ancestral silvestre y Solanum quitoense var. quitoense, sin espinas, que crece mejor en alturas inferiores a los 2000 msnm y es una mutación seleccionada a través del cultivo que carece del gen dominante que codifica las espinas. Las naranjitas de Quito se consumen en fresco como fruta de mesa o bien se destinan a la preparación de zumos, mermeladas, helados y postres. Se exportan a Europa, Japón y los Estados Unidos.

Tres plantas de Lulo en agosto cultivadas en la isla mediterránea de Mallorca junto a una pared orientada hacia el oeste. Pertenecen a la variedad septentrionale con espinas.

En climas mediterráneos las plantas de Lulo raramente sobreviven al frío invernal, pero se pueden cultivar como si fueran tomateras, debiendo pasar el primer invierno en maceta dentro de un invernadero o dentro de casa cerca de una ventana. A mediados de la segunda primavera se pueden sembrar en tierra en el exterior. Si se les suministra estiercol o compost y riegos abundantes a principios del verano empiezan a florecer y dan una buena cosecha de frutos que van madurando escalonadamente hasta bien entrado el otoño. Cuando llega el invierno la Naranjita de Quito suele morir, ya que no soporta temperaturas inferiores a 10ºC. Si el invierno es muy suave y la planta está protegida del viento del norte y las heladas a veces sobreviven el tallo y las ramas principales más gruesas, que vuelven a brotar con el aumento de las temperaturas de la primavera.

Grandes hojas de Solanum quitoense que pueden llegar a medir más de 50 centímetros. Llaman la atención las bellísimas nerviaciones moradas. La superficie de las hojas está cubierta de una fina pilosidad lanosa como terciopelo. 

En Centroamérica el Lulo se suele cultivar bajo la copa de los árboles, ya que es fundamentalmente una planta de sotobosque y necesita sombra permanente con precipitaciones superiores a 1500 litros/ m2 anuales. Los indígenas lo siembran directamente en la selva en la penumbra del sotobosque, pero las plantas solamente dan buenas cosechas los dos o tres primeros años. Cuando han consumido los escasos nutrientes del suelo selvático y empieza a menguar la producción de frutos, los campesinos abandonan la plantación y buscan una nueva zona de la selva donde sembrar.

Intenso color morado de los brotes nuevos, los pecíolos, las nerviaciones y la cara inferior de las hojas. Llaman la atención las temibles espinas que protegen todas las partes de la planta, especialmente los pecíolos, la parte posterior del raquis y las nerviaciones de la hojas.

A pesar de ser un arbusto de sotobosque también puede vivir a pleno sol, pero la elevada radiación solar acelera mucho su metabolismo fotosintético y acorta su vida productiva a sólo una o dos cosechas de frutos. En consecuencia es preferible cultivarlo en condiciones de penumbra, obteniéndose así frutos durante todo el año a lo largo de cuatro o cinco años.

Primera flor de una de las Naranjitas de Quito anteriores a mediados del mes de junio. Tanto las flores como las hojas nuevas están cubiertas de una suave lanosidad que al tacto parece terciopelo.

Misma flor anterior en detalle.

Visión lateral de una flor de Lulo con su abundante pilosidad suave como el terciopelo.

Cáliz lanoso de la flor anterior.

El Solanum quitoense se reproduce facilmente por semillas que tardan de 3 a 6 semanas en germinar. También se puede reproducir por estacas de unos 30 centímetros, quitándoles las hojas para evitar la transpiración y sembrándolas en posición inclinada en arena tratada con fungicidas, pues son muy susceptibles a ser atacadas por hongos. Otro método cada vez más utilizado por los viveristas y las grandes explotaciones es la reproducción de tejidos vegetales in vitro a partir de meristemos. Con este método se pueden propagar vegetativamente sin peligro de contaminación por esporas de hongos las variedades más productivas, más resistentes, más sanas y con frutos de mejor calidad, obteniéndose miles de clones idénticos a la planta madre.

Fruto aún verde de Lulo o Naranjita de Quito cubierto de pelos rígidos que se clavan en la piel como agujas y pueden provocar irritaciones cutáneas y urticaria en las personas sensibles. Para la recolección se usan guantes protectores y los pelos se retiran con un cepillo o un trapo.

 Dos naranjitas de Quito con los pelos urticantes ya retirados, importadas de Colombia y adquiridas en la sección de frutos tropicales de unos grandes almacenes de Palma de Mallorca.

Pulpa verde amarillenta de los dos frutos anteriores dividida en cuatro compartimentos. Cada naranjita puede llegar a contener hasta mil semillas. La pulpa es ácida, refrescante y muy rica en vitamina C, minerales y antioxidantes. Se puede comer a cucharaditas como si fuera un flan. En Centroamérica es muy apreciado el zumo fresco ligeramente diluído en agua al que se le añade azúcar.

La Naranjita de Quito es una fruta con un futuro prometedor. Tiene un gran mercado potencial en Europa, Asia, Estados Unidos y Canadá con un aumento previsible de las exportaciones hacia estos países. Sería interesante fomentar el cultivo de este arbusto entre los campesinos andinos.



domingo, 12 de febrero de 2012

Sibthorpia africana: un endemismo balear

La Sibthorpia africana es una plantita muy discreta, insignificante, humilde, tímida, peludita, que gusta de vivir enraizada sobre el musgo y los líquenes que rellenan las grietas rocosas frescas y húmedas orientadas hacia el norte. Aborrece el sol directo y para evitarlo, como si su timidez le impidiera asomarse, cuando sus tallos en su crecimiento tapizante llegan al borde de la grieta se pegan a las rocas calcáreas y al musgo, adoptando el aspecto de un tapiz verde. De esta manera sólo recibe los rayos sesgados del amanecer y del atardecer, o sea del nordeste y del suroeste, permaneciendo en la sombra durante las horas centrales del dia. Pertenece a la familia de las Scrophulariaceae.

Tallo florido de Sibthorpia africana a principios de mayo creciendo sobre el musgo que rellena una grieta rocosa de la Serra de Tramuntana de Mallorca a 110 msnm. Los tallos pueden alcanzar los 40 centímetros de longitud.

Sibthorpia africana a finales de octubre en su hábitat preferido, la grieta de una roca orientada hacia el norte.

En esta imagen la heliofobia de la Sibthorpia africana es tan evidente que ninguna hoja se atreve a sobresalir fuera de la grieta.  

El botánico que la bautizó sufrió un lapsus y la llamó africana sin serlo, pues en realidad se trata de un endemismo estrictamente balear que vive en todas las islas del archipiélago excepto en Formentera. Cabe también la posibilidad de que el botánico no hubiera estado nunca en las Islas Baleares y recibiera un especímen de alguno de sus alumnos mezclado con plantas africanas, lo que le llevó a un error al bautizarla. Curiosamente la única planta de éste género que vive en África es la Sibthorpia europaea.

Primera flor de Sibthorpia africana a finales de abril. Las flores de esta Scrophulariaceae suelen ser solitarias. Excepcionalmente se pueden encontrar dos flores sobre el mismo tallo.

El género Sibthorpia cuenta solamente con cinco especies en todo el mundo, distribuidas por regiones subtropicales y templadas de Europa, África y América. Son plantas perennes y rastreras cuyos tallos tienen tendencia a enraizar cuando sus nudos tocan la tierra, facilitando así su supervivencia y su expansión hacia grietas contiguas.

Otra flor a principios de mayo. La Sibthorpia africana vive desde el nivel del mar hasta los 1300 metros de altitud. Florece en abril, mayo y junio.

La mayoría de flores de Sibthorpia africana son pentámeras con cinco pétalos de un vivo color amarillo limón, muy raramente blancos, cinco estambres y un pistilo. Excepcionalmente pueden presentar hasta ocho pétalos.

Visión lateral de una flor de Sibthorpia africana en la que se aprecia la abundante pilosidad del cáliz y del envés de las hojas. Los pelos pueden ser no excretores los más largos y glandulíferos con una minúscula glándula en el extremo los más cortos. En ningún caso superan los dos milímetros de longitud.

Las hojas son reniformes con el borde dentado y muy pilosas, sobretodo por el envés. Cada hoja presenta entre 5 y 14 dientes anchos, de agudos a obtusos y un pecíolo densamente peloso más largo que el limbo.

Al igual que el musgo sobre el que crece, la Sibthorpia africana sobrevive a los largos, calurosos y resecos meses del verano balear entrando en estivación, con la mayoría de hojas deshidratadas, esperando pacientemente a que caigan las primeras lluvias del otoño.


viernes, 3 de febrero de 2012

Dedos de Sangre

Sí, amigos, como dedos de sangre surgiendo de la tierra, así son los brotes primaverales de la bellísima Paeonia cambessedesii, una paeoniácea endémica de Mallorca, Menorca y Cabrera, cuya madre vino de Europa, su abuela de Anatolia y sus dos bisabuelas de las mesetas del Asia Central.

En febrero, con el aumento de las horas de luz, el rizoma de la Paeonia cambessedesii brota vigorosamente con unos tallos de un intenso color granate muy brillante que parecen los dedos ensangrentados de una mano surgiendo de la tierra, como si de un enterrado en vida se tratase. Su llamativo color se debe a su riqueza en antocianos, cuyo color oscuro absorbe los rayos solares y evita la congelación de los brotes tiernos por las temibles heladas del invierno balear. Recomiendo ampliar las fotos con un doble click para apreciar mejor su belleza.

Hábitat de la Paeonia cambessedesii  en el Parc Natural de Llevant situado en el nordeste de Mallorca. El rosado luminoso de sus pétalos rompe la monotonía verdigrís de las montañas baleares.

Una de las paeonias de la foto anterior. Crece en una ladera rocosa con una gran pendiente a pocos metros del mar, muy cerca de Cala Mesquida.

Bellísima imagen de Cala Mesquida al amanecer. En este lugar paradisíaco crece la pequeña población de Paeonia cambessedesii de las fotos anteriores.

Maravillosa flor de una de las paeonias anteriores.

Contemplando tanta belleza uno se imagina cómo debían ser las primaveras de las laderas costeras y los altiplanos de las montañas de Mallorca y Menorca hace varios milenios con inmensas alfombras de peonias endémicas iluminando el paisaje y manadas de antílopes Myotragus balearicus ramoneando las coriáceas hojas de los espinosos arbustos redondeados de las cimas de la Serra de Tramuntana y de las suaves lomas de Menorca, llamados cojinetes de monja. El impresionante silencio sólo roto por el murmullo silbante del viento jugando con las caprichosas formas de las rocas calcáreas y las ramas de los tejos, acebuches, enebros y encinas y por el graznido de algún halcón peregrino, un milano, un cuervo o un buitre negro completaba la escena maravillosa de aquel paraíso. Se me encoje el corazón y mi espíritu se entristece ante la dolorosa realidad actual. Aquel paraíso de ensueño jamás volverá a ser lo que fué. Se ha perdido para siempre.

Los brotes ensangrentrados de febrero se despliegan en marzo y se transforman en hojas y capullos. Los tallos alcanzan los 60 centímetros de altura. El envés de las hojas permanece teñido de rojo, al igual que el pecíolo, el raquis y las nerviaciones principales del limbo, mientras que el haz adquiere un intenso color verde azulado con brillo metalizado.

Como todas las paeoniáceas la paeonia balear es muy venenosa. Su rareza actual en la naturaleza no se debe pues al ramoneo de las ovejas y las cabras asilvestradas, sino a la mala costumbre de la gente de arrancar las plantas enteras al verlas tan hermosas para llevárselas a su casa y sembrarlas en macetas, lo cual siempre acaba matándolas o bien arrancar las flores para hacer un ramo y meterlo en un jarrón, impidiendo así la formación de las semillas de la siguiente generación.

Joven Paeonia cambessedesii de cuatro años con su primera flor de seis pétalos a principios de abril.

 Flor de una joven Paeonia cambessedesii el día 25 de marzo en su segundo año de floración.

Magnífica flor de Paeonia cambessedesii adulta a finales de marzo. Cada brote acaba en una única flor en su extremo.

Misma flor anterior con sus ocho pétalos de un intenso color rosado casi transparente. Las flores miden entre 6 y 12 centímetros de diámetro y suelen llevar entre 5 y 10 pétalos, aunque en general la mayoría de flores llevan ocho. El color va desde un rosado muy pálido hasta un rosado purpúreo.

Otra flor de Paenia cambessedesii a finales de marzo. La belleza de los pétalos con su textura de papel de seda transparente y la retícula de sus nerviaciones más oscuras es impresionante.

Como os decía al principio la madre de la Paeonia cambessedesii vino de Europa durante el período Messiniense del Mioceno tardío. Hace unos años unos prestigiosos botánicos realizaron un estudio genético de todas las paeonias europeas y asiáticas. Tras analizar los resultados y comparar las variaciones en los distintos marcadores genéticos concluyeron que todas las paeonias del Mediterráneo proceden de un híbrido ancestral asiático que se formó hace millones de años por la hibridación entre dos paeonias de las mesetas del Asia central. Desde allí este híbrido antediluviano fué colonizando las tierras de toda Asia y Japón, llegando hasta Oriente próximo. Luego prosiguió su expansión por todos los países ribereños del Mediterráneo y toda Europa. En cada nuevo territorio conquistado se iba diferenciando en distintas especies por sucesivas mutaciones adaptativas.

Cuando uno de sus descendientes llegó a la región Tirrénica en pleno período Messiniense colonizó una tras otra las entonces montañas de Córcega y Cerdeña y desde allí saltó a Menorca y Mallorca. Tras la posterior subida del nivel del mar, las montañas baleares se convirtieron en islas y la paeonia tirrénica quedó aislada y sufrió diversas mutaciones adaptativas hasta transformarse en nuestra bellísima Paeonia cambessedesii que en la actualidad solamente vive en Mallorca, Menorca y Cabrera. A pesar de haber cientos de especies de paeonia en Europa y Asia, todas ellas tienen los dos mismos ancestros asiáticos.

El aparato reproductor está formado por numerosos estambres con los filamentos purpúreos y las anteras amarillas cargadas de polen. En el centro se encuentran entre 3 y 9 carpelos femeninos, también purpúreos, con los estigmas circinados receptores del polen en sus extremos. Cada estigma se une a su ovario a través de un grueso estilo.

El aparato reproductor de la Paeonia cambessedesii tiene una fase femenina y una masculina. Durante el primer día maduran los estigmas femeninos que esperan la visita de los insectos polinizadores con sus cuerpos impregnados del polen de otras flores. Si los estigmas no son fertilizados el primer día siguen receptivos uno o dos días más. Mientras tanto las anteras masculinas de los estambres permanecen cerradas para evitar la autopolinización. Cuando la planta detecta que sus ovarios ya han sido fecundados, madura los estambres y las anteras masculinas se abren para que los insectos se impregnen con el polen y lo lleven a otras flores.

 Flor en fase masculina con los estambres maduros liberando el polen.

Dos flores de Paeonia cambessedesii de un bellísimo color rosado muy pálido. Se ve un insecto polinizador impregnándose de polen, lo cual significa que el aparato reproductor de las flores está en fase masculina y sus ovarios ya han sido fecundados.

Ovarios ya fecundados iniciando la maduración de las semillas.

 A finales de agosto las semillas ya están maduras y los frutos se abren para dispersarlas.

Frutos ya completamente abiertos con las llamativas semillas de un brillante color negro azabache.

 Un detalle curioso del contenido de los frutos son las semillas abortadas que no llegan a madurar dentro de los ovarios por no haber sido fecundadas, quedando reducidas a unos cuerpos rojos y blandos de caras aplanadas.

En esta imagen se ven muy bien las semillas abortadas unidas a la pared interna del ovario por un pequeño pedúnculo nutricio exactamente igual al de las semillas negras fecundadas.

Detalle de las semillas viables de color negro y las abortadas de color rojo.

Las semillas de Paeonia cambessedesii deben soportar varios inviernos con fuertes heladas para superar el letargo interno que impide su germinación. Una manera de acelerar el proceso consiste en estratificar las semillas en tierra vegetal humedecida dentro de un envase cerrado e introducirlas luego en un frigorífico durante tres o cuatro meses. El frío despierta al embrión de su letargo invernal. A principios de la primavera se siembran las semillas en su lugar definitivo y suelen germinar sin problemas a las pocas semanas. Si no germinan en la primera primavera lo hacen en la siguiente.

Pequeña Paeonia cambessedesii recien nacida con su intenso color granate que impide que las heladas la congelen. Su infancia durará cuatro o cinco largos años y una primavera dará su primera flor, la más bella de las montañas baleares.