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sábado, 2 de febrero de 2013

Su religión es la Vida, el Sol es su dios y su templo el Cielo

Sacerdotes gigantescos de madera y resina adoradores de la luz del astro rey

Levantan sus brazos verdes hacia el dios Sol, cuando al alba se asoma en el horizonte, rezándole oraciones litúrgicas cual murmullos bajo la esplendorosa bóveda azul de su templo, adornada con nubes blancas y cantarinas aves multicolores. Una brisa suave como una caricia serpentea entre las ramas. Una a una recoje las palabras sagradas surgidas del alma de los sacerdotes de madera y las eleva hacia arriba, muy arriba, hacia donde ella sabe que vive el luminoso dios de los árboles de la Tierra.

 Gigantesca Sequoia de California, Sequoiadendron giganteum, embelleciendo los jardines de los Campos Elíseos de París. Recomiendo ampliar las fotos con un doble click.


Altísimo Pino de Dammar de Malasia y Filipinas, Agathis dammara, fotografiado en el Jardín botánico de la Orotava de Tenerife. No quiero engañaros. Tengo que confesar que la foto tiene truco. Esta imponente conífera tropical es tan alta que no la pude fotografiar al completo. Los árboles que había a su alrededor me lo impidieron. Así que cogí la foto de la copa y la abrí con el programa Paint, luego le añadí la foto del tronco y con unos cuantos retoques logré que pareciera una sola foto. Donde más se nota es en el azul del cielo, más oscuro en la parte del tronco, pero me pareció interesante ver el árbol entero y ahí teneis el resultado.

 Majestuosos pinos canarios, Pinus canariensis, en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente en la Isla de La Palma.

Copas de los pinos canarios anteriores vistas a contraluz.
 
 Cunninghamia lanceolata var. konishii, originaria de la Isla de Taiwán, fotografiada en el Jardín botánico de la Orotava de Tenerife.

Pinus halepensis, el pino mediterráneo por antonomasia, creciendo en un acantilado de la Serra de Tramuntana de Mallorca, con una buena nevada caida en marzo de 2005.

Pinus halepensis sobre unas rocas costeras cerca del pequeño islote llamado S´Illeta, situado en la Serra de Tramuntana.

 Bellísimo píno de Cecilia, Pinus halepensis var. ceciliae, con sus típicas ramas verticales dirigidas hacia el cielo, cultivado en el magnífico Jardín botánico de Sóller en la Isla de Mallorca.

Taiwania cryptomerioides de la Isla de Taiwán, fotografiada en el Real Jardín Botánico de Madrid. Sus ramas tienen una disposición muy parecida a las pagodas asiáticas.

Imponentes cedros del Atlas, Cedrus atlantica, de unos cincuenta años, todavía relativamente jóvenes dada la longevidad de estas majestuosas pináceas norteafricanas.

Otro cedro del Atlas ya centenario, fotografiado en los Jardines de la Victoria de la ciudad andaluza de Córdoba. Este árbol en estado adulto, alcanzada una cierta altura, deja de crecer hacia arriba y su copa sólo crece en anchura.

Espectacular cedro del Himalaya, Cedrus deodara, fotografiado en los jardines de la Plaza de Murillo de Madrid.

 Magnífico cedro del Líbano, Cedrus libani, en los Jardines árabes de Alfabia, situados en el pueblo mallorquín de Buñola.
 
Altísimas Cryptomeria japonica asilvestradas en un claro de un bosque impenetrable de la Isla de Faial del Archipiélago de las Azores.

 Cryptomeria japonica "elegans", una variedad de jardín de pequeño porte y crecimiento lento. Sus hojas se vuelven intensamente rojo-marronáceas con el frio del invierno, recobrando poco a poco su color verde normal con los primeros calores de la primavera. Es su estrategia para sobrevivir a las bajas temperaturas. Las hojas y las yemas, estimuladas por el frío, sintetizan antocianos de color rojo-granate que absorben el calor de los rayos del sol y evitan así su congelación.

 Paradisíaca imagen de los maravillosos jardines tropicales del Parque del Loro de Tenerife con el Pico del Teide nevado al fondo a principios de mayo. A la izquierda destaca una altísima Araucaria excelsa, endémica de la Isla de Norfolk con sus ramas dispuestas en forma de pisos.


Joven Araucaria excelsa en la que se ve mejor la típica disposición en pisos de sus ramas. Cada piso equivale a un año de crecimiento.

Araucaria bidwillii de Australia, llamada árbol Bunya-Bunya, fotografiada en los jardines del Prado de San Sebastián de Sevilla.


Joven Araucaria araucana de Chile de unos 12 años, fotografiada en los jardines de Sa Granja en el municipio mallorquín de Esporles.

Ciprés de México, Cupressus benthami, fotografiado en el Jardín botánico de la Orotava.

Majestuosos cipreses mediterráneos, Cupressus sempervirens, embelleciendo los Palacios Nazaríes de la Alhambra de Granada.

Cipreses "mutilados" en el Jardín botánico de Funchal de la Isla de Madeira, vigilados de cerca por un magnífico ejemplar del helecho epifito Platycerium alcicorne, a la derecha de la imagen.


Picea pungens "glauca", con las acículas de un bellísimo color azul, fotografiada en los jardines de Sa Granja de Esporles.

Sabina centenaria, Juniperus phoenicea subsp. turbinata, en la maravillosa y amenazadísima playa de Es Trenc situada en la costa sur de Mallorca, único reducto costero sin destruir por la codicia humana.

Otra sabina centenaria, Juniperus phoenicea subsp. phoenicea, que se salvó milagrosamente del incendio intencionado que destruyó la maravillosa vegetación de Muleta, una montaña costera situada entre los municipios de Sóller y Deiá. Todavía ahora, después de 30 años, los politicos no tienen claro si deben proteger o no esta montaña de la amenaza de una urbanización salvaje. Noticia publicada en el Semanario Sóller de julio de 1983.

Enebro mediterráneo hembra, dos o tres veces centenario, el más grande que he visto en mi vida, Juniperus oxycedrus subsp. oxycedrus, que crece tranquilo y feliz en los bancales de la finca de Bálitx en el municipio mallorquín de Fornalutx.

Altísimos pinos marítimos, Pinus pinaster, en un bosque del Parque Ecológico do Funchal de la Isla de Madeira, fotografiados en el preciso momento del maravilloso fenómeno macaronésico de la lluvia horizontal, en el que la brisa marina cargada de humedad sube desde el mar a gran velocidad, pasa acariciando las copas de los árboles y arbustos y deja condensada en forma de rocío miles de toneladas de agua dulcísima.

Pino del Himalaya, Pinus wallichiana, formando parte de la exótica colección de coníferas del Jardin des Plantes de París.

Calocedrus decurrens de Norteamérica, fotografiado también en el Jardin des Plantes de París.




11 comentarios:

  1. Juan, que preciosidad de árboles, me gustan todos. Es un placer pasar por aquí. Un abrazo.

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  2. Como en todos tus escritos, un placer el seguirte.

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  3. Muchas gracias, Teresa, Javier y Manuel. Un cordial saludo desde Mallorca: Juan

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  4. Buena colección de gigantes, siempre te acuerdas de estos terruños.
    Totalmente de acuerdo en lo de las “mutilación” de los cipreses, soy jardinero y me horroriza ese tipo de poda.
    Un abrazo chicharrero.

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  5. Tienes razón, Jesús. Es lo mismo que cortar el rabo y las orejas a los perros de ciertas razas para que cumplan con los cánones de belleza perruna. Un abrazo mallorquín.

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  6. Hola Juan, a ese Agathis de la Orotava siempre lo he considerado uno de los árboles más bonitos de España. Las viejas coniferas necesitan su tiempo para ponerse guapas, pero cuando lo logran son impresionantes. Un abrazo.

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  7. Muchas gracias, Alberto. Efectivamente, esta conífera es espectacular vista en directo. A raiz de tu comentario, me he sincerado y he explicado en el texto de la foto cómo logré una imagen del árbol entero. Un abrazo.

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  8. Recuerdo vívidamente la mañana en la que tomaste la magnífica primera foto, era mayo, hacía sol intenso y viento helador y el cielo de un azul profundo. Qué árbol tan hermoso!!! Un fuerte abrazo de tu amigo Jesús

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  9. Muchas gracias, Jesús. Han pasado nada menos que 9 años. Nos hacemos viejos. Saliste muy bien en la foto. Un fuerte abrazo desde Mallorca: Juan.

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  10. Oh Juan que impresionante Titulo has puesto, realmente Soberbio y para mi gusto, super acertado. Felicitaciones!

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  11. Muchas gracias, Javier. Me alegro que te guste. Un saludo.

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