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domingo, 28 de abril de 2013

Almallutx fue su último refugio

Los restos arqueológicos de los últimos mallorquines musulmanes están expuestos en el Casal de cultura de Can Xoroi en el bellísimo municipio de Fornalutx, situado en plena Serra de Tramuntana de Mallorca.

Calavera casi completa de una mallorquina musulmana hallada en Almallutx.

Han pasado 800 años pero su legado no desapareció con su genocidio, sigue en su amada Mayurqa en numerosos nombres de localidades que ellos bautizaron, como el mismo Almallutx, su último refugio y también el hermoso pueblo de Fornalutx que ahora expone sus últimos restos como si de un tesoro se tratase. (Recomiendo ampliar las fotos con un doble click).

 Embalse del Gorg Blau, situado en la parte central de la Serra de Tramuntana, construido junto con el embalse de Cúber para abastecer de agua la Base militar norteamericana del Puig Major y la ciudad de Palma. Bajo sus aguas en el lugar llamado Almallutx quedaron sepultados los restos arqueológicos del último poblado de mallorquines musulmanes que lograron resistir allí durante tres años (1.229 - 1.232) tras la invasión de las huestes catalano-aragonesas.

Su legado cultural no se limita a cientos de topónimos árabes repartidos por todas las islas del archipiélago, sino que se conserva también en las numerosas fuentes, acequias y canales, en los fantásticos bancales de piedra seca de las montañas, en el aprecio de los isleños por los olivos, los algarrobos y las higueras y también en varias decenas de palabras árabes (p.e. arrop, atzabó, taleca, almud, aljub, arruix, talaia, talaiot, talaiar, fatifat,...) que sobreviven integradas en el primitivo idioma catalán hablado por los colonizadores procedentes de la costa ampurdanesa, que sus descendientes hemos conservado con obstinación y orgullo casi sin variaciones durante ocho siglos como algo entrañable que nos da identidad.

El Almallutx de hace ocho siglos seguramente tenía una vegetación similar a la actual.

Su herencia no obstante sobrepasa lo cultural y va mucho más allá. Sus genes siguen vivos en los baleares actuales, descendientes de una esquizofrénica hibridación forzada entre genocidas y masacrados. Las gotas de sangre musulmana que corren por mis venas y por las de miles de isleños, mezcladas, disueltas, hibridadas con sangre catalana, aragonesa, judía, castellana, italiana, francesa, vascongada, eslava, africana, turca... me suplican, casi exigen que les haga justicia histórica. Dicen que es de bien nacidos recordar, venerar y dignificar a los antepasados, a todos, incluidos los proscritos, los olvidados por la historia oficial escrita por los vencedores. Este artículo es mi pequeño homenaje a los cerca de 3.000 mallorquines musulmanes, en su mayoría niños y mujeres jóvenes, que sobrevivieron a la masacre y fueron degradados al estatus de esclavos en su propia tierra y obligados a cambiar de identidad, lengua y religión para poder conservar la vida.
 
 Fornalutx, un pequeño pueblo de montaña enclavado en un lugar de ensueño, cuyo nombre nos recuerda que lo bautizaron los moros mallorquines que entonces lo habitaban. Los nuevos moradores cristianos que los sustituyeron conservaron su nombre árabe original tal vez por la influencia de los musulmanes que sobrevivieron y siguieron viviendo como esclavos en el pueblo que les vió nacer. 

Fornalutx está rodeado por montañas que lo protegen de los fríos vientos del norte. Sus suaves pendientes están cubiertas de una vegetación exuberante y salvo en las cumbres mantienen la tierra retenida por paredes de piedra seca en forma de bancales o terrazas. Las generosas lluvias y un agradable clima subtropical le permiten cultivar naranjos, limoneros, mandarinos, pomelos, caquis, olivos, chayotes de México, nísperos del Japón, aguacates, chirimoyos, almendros, acerolos, ciruelos, cerezos, manzanos, perales, higueras y algarrobos.

Muchas de las calles de Fornalutx son peatonales y están empedradas, como la de esta fotografía que al tener una gran pendiente está escalonada para hacer más fácil el tránsito por ella. Estas estrechas calles medievales frescas y silenciosas son un remanso de paz. Los propietarios de las casas del pueblo están obligados a conservar sus fachadas de piedra para que no se rompa la armonía y la estética del pueblo.

En una de las calles empedradas de Fornalutx se encuentra el Casal de cultura de Can Xoroi, con una exposición permanente de bellísimas tejas pintadas y otra con todos los ingenios de una antigua almazara de aceite que en Mallorca llamamos "tafona", palabra que también es de origen árabe. Desde hace unos días se exponen también los restos óseos y los objetos de cerámica, metal y vidrio hallados en el yacimiento arqueológico de Almallutx.

Estandarte que preside el Casal de cultura de Can Xoroi.

 Entrada principal del Casal de cultura. 

Enlace a la página de Facebook del Casal de Can Xoroi.

Jarra de arcilla de Almallutx. Los objetos hallados en la excavación del yacimiento han sido estudiados, datados y clasificados por dos jóvenes y excelentes arqueólogos mallorquines: Jaume Deyà y Pablo Galera.

Sorprenden las finísimas paredes de esta jarra que no superan los 5 milímetros de grosor, lo que nos habla de la refinada y avanzada cultura de los moros mallorquines de hace 800 años.

Otra jarra de arcilla que nos recuerda un poco a un ánfora romana.

Plato de cerámica que conserva algunos de los pigmentos originales.

Otro plato que sorprende por su refinada belleza y su perfección.

Uno se imagina a los últimos moros mallorquines sentados sobre una estera de hojas entretejidas de palmito, comiendo con su mano derecha todos en el mismo plato los pobres alimentos que lograban recolectar y cultivar en el valle de Cúber. Debieron vivir sus últimos días con la angustia permanente de ser atacados y asesinados.

Durante las excavaciones los dos arqueólogos encontraron una pequeña vasija llena de tierra. Llevaron a analizar su contenido y su sorpresa fue mayúscula al encontrar restos de azafrán ¡tras ochocientos años!. Esto quiere decir que lo cultivaban  en plena montaña y lo usaban como condimento.

Fragmento de vidrio azul correspondiente al cuello de una pequeña redoma (del árabe ratúma), que podría haber contenido un ungüento medicinal o un perfume aceitoso.

Huesos de extremidades atribuidos a un varón.

Mismos huesos de la primera fotografía que preside este artículo. Como ya he señalado todo hace suponer que pertenecieron a una mujer de unos veinte años. La dentadura completa con los dos premolares y los tres molares bien desarrollados y el aspecto saludable de las piezas dentarias (faltan algunas) orienta hacia esta edad aproximada. Por otra parte el pequeño tamaño y la escasa robustez de la mandíbula junto con el cráneo de líneas suaves en consonancia con la delicada mandíbula orienta hacia el sexo femenino.

Imagen ampliada de la mandíbula. Los dos premolares y los tres molares no parecen tener ninguna caries. La alimentación a base de leche y queso de cabra y oveja podría explicar el aspecto sano y bien conformado de las piezas dentarias. En los incisivos se aprecia el esmalte desgastado en el borde cortante, lo que hace pensar que podría deberse al consumo de vegetales duros y correosos o bien al uso de los dientes para reblandecer el cuero de las pieles de las cabras y ovejas con las que confeccionaban el calzado y otras prendas de vestir, exactamente igual a como lo hacen las mujeres esquimales en la actualidad. Otra causa podría ser el trastorno psicológico llamado bruxismo, es decir, el rechinamiento o fricción involuntaria y repetida de los dientes durante el sueño debido a un estado de ansiedad. No cuesta mucho imaginar la angustia en la que vivieron estas personas con el temor constante a ser atacados. A esta mujer que seguramente fue madre se le añadiría además el tener que estar pendiente de sus hijos para que no se alejasen del poblado en sus juegos. Se entiende pues que durmiera con una gran ansiedad y se pasase toda la noche contrayendo los músculos maseteros desgastando así el borde cortante de sus incisivos. Llama la atención la probable fractura traumática de la parte anterior izquierda de la mandíbula con pérdida de dos incisivos, un canino y un premolar.

En esta imagen se observa también lo que podría ser una fractura traumática de la bóveda craneal por un fuerte golpe con un objeto contundente, tal vez un palo de acebuche o una piedra. ¿Murió esta pobre mujer apaleada salvajemente mientras defendía a sus hijos de los invasores?

¿Se llamó Zahara, Nuba, Halima, Noor, Warda, Sara o quizás Salema? ¿Vino con una de sus hermosas y delicadas jarras de arcilla a buscar agua a esta fuente que en la actualidad llamamos Font de s'Aritja (Fuente de la Zarzaparrilla)? ¿Sobrevivió alguno de sus hijos? Y si así fue, ¿cuántos mallorquines actuales llevamos alguno de sus genes? ¿En cuántos de nosotros pervive el ADN mitocondrial de nuestra protagonista a través de una de sus hijas? ¿Es la tatarabuela de las tatarabuelas de algunos de los actuales habitantes de Fornalutx?

Después de 800 años y 35 generaciones, el novedoso y cada vez más fácil estudio del ADN recuperado de uno de sus dientes tal vez dará una sorpresa a sus incrédulos descendientes. Entonces podrán sentirse orgullosos de llevar en sus venas la sangre de esta mallorquina, su tatarabuela mora, que amó tanto su isla que la defendió hasta la muerte. 

--->Web oficial del Proyecto de excavación del Yacimiento de Almallutx
--->Enlace al poema de la mora cautiva Adiós Madina Mayurqa, amada mía, adiós


domingo, 21 de abril de 2013

Mallorca era un Paraíso

Quedan sólo algunos retales, muy pocos. Su extraordinaria belleza nos recuerda que Mallorca fue y todavía es una de las islas más bonitas del Mediterráneo. He aquí algunos ejemplos.

 S'Illeta (La Islita), un islote situado en las costa noroeste de Mallorca en la parte central de la Serra de Tramuntana, salvado milagrosamente de la codicia humana. El entorno era tan maravilloso, tan paradisíaco que a alguien se le ocurrió la brillante idea de construir allí un hotel de lujo. Por suerte prevaleció el sentido común y el proyecto no se llevó a cabo. Habría supuesto la destrucción no sólo del islote sino también de toda la zona costera de los alrededores, donde habrían arrasado con cientos de hectáreas de montaña virgen para construir una carretera de acceso al hotel. Los mallorquines y los visitantes de la isla habríamos perdido para siempre esta maravillosa zona virgen. ¿No creeis que está mejor así?.

Mismo islote anterior visto desde lo alto de un acantilado. (Recomiendo ampliar las fotos con un doble click para apreciar mejor toda su belleza)

Acantilado en la misma zona visto desde el interior de un pinar.

 Cerca de S'Illeta desemboca este torrente que recoge y descarga en el Mar Mediterráneo el agua de las a veces copiosas tormentas de otoño. Permanece seco la mayor parte del año. En sus laderas  crecen varios endemismos como el Senecio rodriguezii, una diminuta compuesta con una flores bellísimas.

Senecio rodriguezii, un tesoro botánico de Mallorca y Menorca.

Parte final de la desembocadura del torrente anterior.

Las rocas salpicadas por las olas parecen una colada volcánica recien enfriada.

La belleza de estas rocas tan agrestes es impresionante.

Sobre las rocas, donde ya no llegan las salpicaduras de las olas, crece una exuberante vegetación típica de los pinares mediterráneos con el Pinus halepensis como especie predominante.

Las olas llenan de agua marina estas pequeñas concavidades en las rocas, el sol  la calienta, parte de ella se evapora y las sales se concentran, convirtiendo estos charquitos en el hábitat ideal para numerosas algas y animalillos microscópicos adaptados al agua salobre y caliente, como si de pequeñas salinas se tratase.

 Valle de Sóller, la perla más bonita de la Serra de Tramuntana. Al fondo se ve el mar.


Video casero del Valle de Sóller. Se ve mucho mejor sin ampliar.

Los acantilados de la costa noroeste de Mallorca son en realidad las laderas de las montañas de la Serra de Tramuntana que acaban bruscamente en el mar. Su inaccesibilidad los ha preservado de la codicia humana.

Un poco más al nordeste en plena Serra de Tramuntana se encuentra una zona menos abrupta que conserva su nombre árabe original, Bàlitx, con suaves laderas y algún pequeño valle donde desde hace varios milenios se cultivan olivos y algarrobos.

Terrazas o bancales de olivos en Bàlitx. La tierra de las laderas montañosas es retenida por las paredes de piedra seca de los bancales, permitiendo así su aprovechamiento agrícola desde hace varios milenios. Es tal su integración con la naturaleza que muchas plantas silvestres, incluidos numerosos endemismos, proliferan felices en los claros abiertos bien iluminados de estos olivares.

 La endémica Ophrys balearica es una de las orquídeas más bonitas de las Islas Baleares.

Olivo centenario injertado sobre un olivo silvestre o acebuche. Se ve muy bien como el patrón o portainjertos echa brotes de acebuche en su base. Sus pequeñas hojas verdes son muy diferentes a las del olivo que son más grandes y grisáceas. La mayoría de olivos centenarios de la Serra de Tramuntana de Mallorca están injertados sobre acebuches silvestres, cuyo sistema radicular está perfectamente adaptado a la tierra pedregosa, arcillosa y calcárea y a los largos períodos de sequía extrema.

Las zonas rocosas con poca tierra, al no servir para el cultivo del olivo ni el algarrobo, son aprovechadas para el pastoreo en régimen de semilibertad de las ovejas de raza mallorquina, muy bien adaptadas al clima, la orografía y la hierba escasa y correosa de las montañas. Desde la extinción del antílope enano Myotragus balearicus hace unos 4.000 años, las ovejas lo sustituyen en su función de mantener espacios bien iluminados libres de vegetación arbórea, lo cual facilita el crecimiento de muchas hierbas y arbustos que sin luz no podrían sobrevivir, como la cebolla albarrana de la foto, que en Mallorca llamamos "ceba marina".

Si ampliais esta foto sentireis lo mismo que yo sentí cuando vi esta estampa armoniosa entre naturaleza salvaje y terrazas de olivos, estas cimas montañosas que caen bruscamente en el mar en forma de vertiginosos acantilados, un entorno ideal para quedarse a vivir, un jardín natural de ensueño donde se respiraba una paz indescriptible que me recordó al mítico y utópico Shangri-lá. El silencio era casi absoluto, sólo roto por el casi inaudible murmullo de la brisa jugando con las rocas y las ramas de los árboles y el canto de algún pajarillo. Nada más. Yo y el Paraíso.

Impresionante Puig d'Alaró con sus agrestes laderas cubiertas de un exuberante pinar mediterráneo y las rocas verticales más altas sin vegetación.

El vecino Puig de s'Aucadena tiene una estructura similar al Puig d´Alaró. Se puede apreciar la exuberancia del pinar.

Otra mítica montaña mallorquina, el Puig de Galatzó. Desde su cumbre situada a 1.027 msnm se puede contemplar buena parte de la Serra de Tramuntana y la Bahía de Palma.

La finca de Na Burguesa está cubierta por una exuberante vegetación selvática de una riqueza florística extraordinaria, un paraíso para los botánicos. En ella conviven en perfecta armonía numerosas plantas mediterráneas como el madroño de la foto.

El bosque mediterráneo del Castillo de Bellver es el pulmón de la cosmopolita ciudad de Palma. Su riqueza en orquídeas es extraordinaria.

El Torrent de Pareis divide en dos la Serra de Tramuntana. Durante millones de años ha ido erosionando las rocas calcáreas esculpiendo este impresionante barranco de altísimas paredes verticales. Entre las grietas de las rocas de sus laderas crecen numerosos endemismos botánicos y cerca de su nacimiento, en pequeñas charcas, vive el tesoro más escaso, frágil y mimado de la fauna endémica de Mallorca, el sapito Ferreret, Alytes muletensis, que se consideró una especie extinguida hasta que fue encontrado vivo en 1980, pues antes de esta fecha sólo era conocido por restos fósiles.

 
Imagen de un Ferreret. La inocencia de su mirada parece suplicarnos: "¡Dejadme vivir. No destruyais mi hábitat, mi casa, mi esperanza!". (Esta fotografía es propiedad de la magnífica página web Racons de Tramuntana)

El Torrent de Pareis desemboca en el mar por este estrecho canal que se ve al fondo. Si uno quiere disfrutar de verdad de este lugar maravilloso lo mejor es madrugar mucho y adentrarse en este amplio rellano de cantos rodados previo a su desembocadura justo en el momento de las primeras luces del alba. La belleza de los rayos del sol naciente iluminando las paredes verticales, el impresionante silencio, el aire limpio y fresco y la paz son una experiencia casi mística que roza la felicidad. Deja un recuerdo tan fantástico y emocionante que jamás se puede olvidar. Con razón se entiende porqué tantos miles de alemanes, austríacos y escandinavos vienen año tras año a pasar un mes en Mallorca ataviados con su completo equipo de montaña con la única ilusión de recorrer estos lugares de ensueño y disfrutar de nuestra maravillosa orografía. Ante tanta belleza y tanta paz sus cerebros segregan endorfinas de felicidad a chorro como si de una droga se tratase y cuando vuelven a su frío y gris país nórdico viven los siguientes once meses con la ilusión de volver a darse un chupinazo de esta droga que da sentido a sus vidas.

 El agua del torrente ha erosionado la roca calcárea esculpiendo bellísimas formas.

 Cerca del Torrent de Pareis está Sa Calobra con sus impresionantes acantilados que acaban bruscamente en el mar. El agua es la más limpia de Mallorca. Sobre alguna de las rocas que se ven en la base del acantilado murió abatida a tiros en 1958 la última foca monje del Archipiélago Balear.

Maravillosa ladera en sa Calobra con una vegetación mediterránea exuberante.

El altiplano de Cúber es también un lugar de ensueño. Al fondo se ve el embalse del mismo nombre construido junto con el embalse del Gorg Blau para abastecer de agua la Base norteamericana del Puig Major y la ciudad de Palma. 

La impresionante agua azul turquesa del embalse del Gorg Blau (Garganta Azul) hace honor a su nombre. Bajo sus aguas en el lugar llamado Almallutx quedaron sepultados los restos arqueológicos del último poblado de mallorquines musulmanes que resistieron allí durante tres años tras la invasión de las huestes catalano-aragonesas. En mis venas como en las de muchos de los mallorquines actuales corren algunas gotas de sangre musulmana de los cerca de 3.000 moros mallorquines que sobrevivieron al genocidio y fueron degradados a la condición de esclavos en su propia tierra y obligados a cambiar de religión, lengua e identidad. 

Fotografía espectacular del Gorg Blau cuyas aguas limpísimas reflejan la  imagen de las nubes como un espejo. Este lago artificial fascina a los mallorquines. Ir a ver los embalses de Cúber y del Gorg Blau es una de las excursiones preferidas de los habitantes del centro y sur de Mallorca donde la sequía es la nota dominante.

Los claros más pedregosos e iluminados de las montañas son el hábitat predilecto de los bellísimos cojinetes de monja.

 Espectacular paisaje montañoso cubierto de formaciones kársticas de lapiaz por la erosión y disolución durante millones de años de las rocas calcáreas por las correntías del agua de lluvia. En estas rocas nace el Torrent des Gorg Blau que desemboca en el Torrent de Pareis.

Hace unos años acompañé a mi buen amigo Juan Rita Larrucea, profesor de botánica de la Universidad de las Islas Baleares, gran amante de la naturaleza y un profundo conocedor de nuestra flora, a una excursión por la Serra de Tramuntana. Tras mostrarme una pequeña población del escasísimo helecho Phyllitis sagittata que crece en el nacimiento del Torrent des Gorg Blau, me llevó a un lugar fabuloso con aspecto antediluviano y de muy difícil acceso donde sobrevive el último bosque de Laurisilva de las Baleares. Es como un pequeño fósil viviente, una reminiscencia de lo que hace siete millones de años era un maravilloso bosque de árboles planifolios de hoja perenne que captaban la humedad de la brisa marina del primitivo y subtropical mar Mediterráneo y la condensaban en forma de rocío sobre sus hojas, cayendo gota a gota como un agua dulcísima sobre la hojarasca del sotobosque, como si de una verdadera lluvia se tratase, exactamente igual que el fantástico fenómeno actual de la lluvia horizontal de las islas de la Macaronesia. La hojarasca en descomposición se comportaba como una esponja, absorbía y retenía el agua que goteaba desde las copas y mantenía una maravillosa humedad permanente en las raíces de los árboles, permitiéndoles crecer exuberantes en una isla donde la lluvia normal es más bien escasa. Juan Rita con su gran capacidad didáctica me lo explicó con tal vehemencia que me contagió su fascinación por este lugar.

Apretujados en el estrecho espacio entre dos rocas de lapiaz me fue mostrando las diferentes especies de árboles que allí crecían, con sus raíces profundamente enraizadas en el fondo de estas impresionantes formaciones kársticas. La especie más llamativa es el laurel, Laurus nobilis, que aquí tiene su única población natural en las Islas Baleares. En la fotografía se pueden ver varios ejemplares de laurel con sus enormes copas asomando por encima del lapiaz.

El Cap de Formentor es un lugar agreste y bellísimo con una riqueza florística extraordinaria. En él sobreviven a duras penas numerosos endemismos botánicos acosados despiadadamente por las mandíbulas famélicas de miles de cabras asilvestradas, como el bellísimo Lotus tetraphyllus.

Trébol de cuatro hojas, Lotus tetraphyllus, endémico de Mallorca, Menorca y Cabrera con sus tallos y hojas ramoneados por las cabras, que le impiden echar brotes nuevos y flores. Se ve obligado a brotar una y otra vez hasta que acaba sus fuerzas y muere.

Los paisajes de Formentor son muy variados, pero todos ellos de una belleza de ensueño. En la cara sur de las montañas crece esta vegetación esteparia adaptada a la sequía, la tierra pobre y pedregosa y la fuerte insolación.

El endemismo tirrénico Helicodiceros muscivorus vive en estas pendientes rocosas litorales bien iluminadas.

En la cara norte mucho más fresca y húmeda de las mismas montañas del Cap de Formentor crece otro bellísimo endemismo botánico, el Erodium reichardii.

En la costa sudeste de Mallorca se encuentra una de las playas más hermosas y vírgenes de Mallorca, Es Trenc, salvada de la destrucción por la presión popular y la incansable lucha de los grupos ecologistas. Sus dunas de arenas blancas como la nieve son uno de los tesoros más preciados y hermosos de nuestra geografía. En la fotografía vemos numerosas sabinas que crecen a ras del suelo azotadas por el cálido viento del sudeste, el Xaloc (Sirocco), que sopla desde el Desierto del Sáhara

Interior del pinar que rodea las dunas.

Las raíces de los pinos y las sabinas retienen la finísima arena de las dunas.

Talaiot de Son Forners de unos 3.000 años de antiguedad situado en el municipio de Montuiri en el centro de la isla. Es uno de los poblados talaióticos más grandes de Mallorca. Los hombres y mujeres que allí vivieron conocieron una isla muy diferente a la actual. Es probable que vieran los últimos ejemplares del extinto Myotragus balearicus.

El Parc Natural de s'Albufera de Mallorca es otro de nuestros tesoros naturales, uno de los que más ha costado preservar de la destrucción. A su alrededor se levantan numerosos hoteles, bares, restaurantes, tiendas de souvenirs, chalets, centros comerciales y una carretera que se interpone entre la albufera y el mar.

Lejos de las salvajes urbanizaciones de la costa la Albufera de Mallorca es un remanso de paz para miles de especies de aves y para la bellísima orquídea de prado, la Orchis robusta.

Inflorescencia de Orchis robusta que impacta por su gran belleza. Miles de orquidólogos de todo el mundo vienen a la isla en abril y mayo con la ilusión de ver y fotografiar esta maravillosa orquídea mallorquina. Se llevan en sus cámaras fotográficas el más bonito de los recuerdos de Mallorca.

Bellísima Cala Mondragó situada en el sudeste de la isla. Fue declarada Parque Natural en 1992. Bajo la luz del sol sus aguas limpísimas adquieren un color azul turquesa de una belleza indescriptible.

Sobre las rocas costeras de Cala Mondragó a pocos metros del mar crece una plantita diminuta endémica de las Islas Baleares y las Îles d'Hyères, la Romulea assumptionis. La belleza de su única florecilla vista de cerca es extraordinaria. Cuando le hacía esta foto a esta maravilla botánica se acercaron un grupo de alemanes para ver qué estaba fotografiando. La flor es tan pequeña que tuve que señalársela con el dedo, pues no la veían. Les pareció tan bonita que uno tras otro quiseron llevársela como recuerdo y le hicieron numerosas fotografías. En una servilleta les escribí su nombre, Romulea assumptionis.

Cala Mesquida al amanecer. Este maravilloso lugar de ensueño se encuentra en el Parc Natural de Llevant. Su belleza virgen y paradisíaca impacta y deja un recuerdo indeleble en la memoria.

En las laderas montañosas litorales que rodean Cala Mesquida crece una pequeña población de la endémica Paeonia cambessedesii, la planta con la flor más grande y más bonita de Mallorca.

El luminoso color rosado y la textura de los pétalos confieren a la flor de la Paeonia cambessedesii una belleza tan grande que al contemplarla no podemos evitar exclamar: ¡Uauuu, qué bonita!.


Las pendientes montañosas de Cala Mesquida acaban bruscamente en el mar.

 Justo al lado del mar sobre las rocas salpicadas por las olas vive un endemismo perfectamente adaptado a la sal, la insolación y la sequía extrema, el Limonium minutum.

Sus florecillas blancas como la nieve se abren en junio.

Muy cerca de Cala Mesquida en el mismo Parc Natural de Llevant las embravecidas aguas azul turquesa de Cala Torta y sus rocas litorales libres de cemento y asfalto nos ayudan a imaginar lo que fue Mallorca hace sólo un siglo, un Paraíso.

 Sobre los restos de Posidonia oceanica arrastrados por las olas se pueden encontrar ejemplares del alga en forma de esfera Codium bursa.

Codium bursa con su típica abertura.

Detalle de los filamentos interiores y de los gametangios fusiformes con los que se reproduce.

¿Verdad que vale la pena preservar estos tesoros?