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sábado, 15 de abril de 2017

Injerto de Corona de Aguacate de Puerto Rico sobre aguacate borde

En mi jardín tengo un total de nueve aguacates y sólo uno está injertado de la variedad Fuerte. Los demás son bordes nacidos de una semilla y no están injertados. Varios de ellos me dan grandes cosechas de frutos híbridos de buen tamaño y excelente calidad y los demás producen frutos pequeños y escasos, aunque hay uno que los da morados con la piel tan fina y la pulpa tan mantecosa que me los como a mordiscos sin pelar. Otros dos proceden de las semillas de dos grandes frutos de 600 gramos de peso que me trajo un señor ya fallecido que era propietario de una gran finca en la isla caribeña de Puerto Rico. Eran redondeados con la semilla no demasiado grande y muchísima pulpa absolutamente deliciosa. Por las características de los frutos y el porte erecto y piramiadal de los dos árboles deduzco que pertenecen al cultivar Reed de la variedad guatemalteca, Persea americana var. guatemalensis. Ya tienen 12 años y todavía no han dado ningún fruto. Esta primavera será la segunda vez que florecen. Lógicamente son híbridos como todos los aguacates nacidos de semilla, pero confío en que den frutos de buena calidad parecidos a los de su madre portorriqueña.

Desde hace unos 15 años tengo un aguacate borde sin injertar que me regalaron en un vivero. Siempre ha ido enfermizo. Los mejores años me ha dado como mucho media docena de frutos pequeños y de muy mala calidad. Así que ayer me decidí a injertarlo por el sistema de Corona bajo bolsa de plástico con tres púas del aguacate portorriqueño más alto y vigoroso. Como podéis observar a pesar de tener 15 años no supera los dos metros y medio y crece esmirriado con numerosas ramas secas.

Para empezar he cortado toda la copa hasta una altura de unos 120 cms, eliminando todo el ramaje y las cicatrices de antiguas ramas secas.

Superficie del corte bien lisa y sana.

En la parte baja tenía varias ramas que al acabar los injertos recorté sin eliminarlas del todo para dar una salida a la abundante savia primaveral, hasta que las tres púas hayan agarrado y empiecen a brotar. Podría haberlas eliminado pero correría el riesgo de ahogar al árbol con su propia savia.

Éstas son las ramas del aguacatero portorriqueño de madre Reed y padre desconocido.

Con un cuchillo y un mazo hice un corte longitudinal a la corteza hasta llegar a la madera. Luego con la parte posterior del cuchillo de injertar despegué un poco las dos ventanas del corte.

El paso siguiente consistió en preparar una púa para inserirla en el corte de la corteza del patrón. Si os fijáis he recortado las hojas más grandes para que la púa no tenga que alimentarlas y concentre sus jugos en sobrevivir.

El extremo inferior de la púa se corta en bisel hasta la mitad del tallo.

En el otro lado del tallo se corta una lengüeta en forma de boquilla de flauta.

Así debe quedar la púa que se introduce en el corte del patrón con la lengüeta hacia fuera y el corte grande hacia dentro.

De esta manera el corte grande de la púa entra en contacto con el xilema del cambium del patrón, es decir, con las células del cambium que se tranforman hacia dentro en madera, mientras que el pequeño corte de la lengüeta entra en contacto con el floema del cambium, cuyas células crecen hacia fuera dando lugar a la corteza.

Para que lo entendáis la única parte que crece en cualquier árbol es el llamado cambium, que es una finísima capa blanca, tierna y muy jugosa que se encuentra entre la corteza y la madera, formada por células-madre pluripotenciales. Este cambium tiene a su vez dos capas: una interna que crece hacia dentro y forma la madera y una externa que crece hacia fuera y forma la corteza. Así pues, al despegar la corteza del patrón, dejamos a la vista las dos capas del cambium. Estas dos capas enseguida intentarán reparar la herida. La capa interna llamada xilema crecerá hacia fuera y al hacerlo se encontrará con el corte grande de la púa cuyo cambium también crecerá hacia dentro en un desesperado intento de encontrar una fuente de savia que le permita sobrevivir. Las células cambiales del patrón y la púa se encontrarán, se fusionarán forzadas por la atadura que mantiene los dos tejidos en íntimo contacto y se producirá la unión que permitirá suministrar agua y nutrientes a la púa.

A su vez las células-madre de la capa externa del cambium llamada floema, que crece hacia fuera y da lugar a la corteza, también crecerán y al hacerlo se encontrarán con las células cambiales del pequeño corte de la lengüeta de la púa y nuevamente ambos grupos de células-madre se fusionarán y permitirán la circulación de la savia desde las hojas de la púa hacia las raíces del patrón, completándose así el ciclo circulatorio de la savia del nuevo árbol mixto.

Aquí podéis ver la segunda púa ya inserida en el corte.

Las dos púas o ramitas. Falta una tercera para completar el injerto. De esta manera el árbol resultante tendrá una copa equilibrada con tres ramas.

Corte para inserir la tercera púa.

El injerto de Corona completado. Ya sólo falta la atadura.

Las tres púas inseridas a una distancia equidistante. Si todo va bien en unos tres o cuatro años los tejidos de las tres púas cubrirán esta gran superficie lisa y la herida en el patrón desaparecerá.

 
La tercera púa introducida en el corte en ventana del patrón con el corte biselado grande hacia dentro y el corte de la lengüeta hacia fuera.

La finalidad de la atadura no es cubrir todo el corte sino juntar íntimamente los tejidos del patrón y de las púas.

 Seguramente sin hacer nada más los tres injertos agarrarían, pero para asegurar el éxito es mejor ser prudentes y "vendar" bien las heridas.

 Las nuevas tendencias de los expertos aconsejan prescindir de la pasta de injertar y sustituirla por plástico, mucho más barato y limpio, sin bacterias ni hongos y sin sustancias químicas cáusticas o tóxicas para los tejidos del árbol.

 Las plantas tienen mecanismos fisiológicos más que suficientes para curar sus heridas por si mismas. No necesitan ni barro, ni mástic químico de injertar, ni cera de abeja. Un simple film de cocina o una bolsa de plástico cumplen perfectamente con la misión de cubrir y proteger los cortes y evitar su deshidratación y su contaminación con hongos o bacterias que podrían hacer fracasar el injerto.

Hace cincuenta años a mi me gustaban mucho los frutos del jinjolero o azufaifo, pero en la finca de mi abuelo paterno no había ninguno y yo me moría de ganas de tener uno. Mi abuelo, carpintero y campesino, era un gran injertador. Así que un día de mediados de invierno, a finales de los años sesenta del siglo pasado, le insistí tanto en que me hiciera un injerto de azufaifo que al final accedió. No teníamos ningún patrón compatible con el azufaifo que sólo se puede injertar sobre otro azufaifo, pero mi abuelo pensó que tal vez un espino albar, al ser tan espinoso como los azufaifos, serviría como patrón. Nos montamos en el carrito tirado por la burrita Margarita y fuimos a buscar unas púas a un azufaifo que crecía en una finca medio abandonada. Yo estaba rebosante de alegría. Confiaba ciegamente en mi abuelo.

Al llegar a nuestra finca dejamos la burrita atada a un árbol para que pastase a gusto y nos acercamos al espino albar que crecía en el centro de la finca. Mi abuelo le cortó la copa con un serrucho y le injertó dos púas de azufaifo. Tras atar los injertos con una cuerda de esparto, de pronto se acordó de que no habíamos traído agua para hacer barro. Así que para solventar el problema me sugirió que hiciera un pipí sobre la tierra arcillosa recién arada y la amasase para conseguir un poco de barro. Le fui pasando aquella pastita con mis manitas y él fue embadurnando las heridas del injerto hasta cubrirlas por completo. Yo le observaba fascinado. Tras medio siglo recuerdo todos los pasos del injerto con todo lujo de detalles.

Estaba rebosante de alegría. Por fin tendría mi propio azufaifo que me daría muchos frutos para comerlos hasta hartarme. Cada día durante las siguientes semanas fuí a ver mi injerto montado en mi bicicleta. La finca distaba unos dos kilómetos del pueblo. Cuando llegaba me acercaba al injerto lleno de ilusión con la esperanza de ver brotar sus yemas.

Y sí, a pesar de ser incompatibles, el milagro se produjo, tal vez por el inmenso cariño con que yo lo miraba y a los 15 días las yemas de las dos púas de azufaifo brotaron. Los brotes abrieron sus hojas y crecieron hasta unos cinco centímetros, pero de pronto la incompatibilidad se manifestó con toda su furia y un día los brotes se secaron de forma fulminante. Como podéis suponer quedé desolado. No entendía nada.

Ahora lo recuerdo todo con lágrimas en los ojos por la emoción. Ya sé por fin la causa de la repentina muerte de mi ansiado injerto de azufaifo. El sistema inmune del patrón de espino albar reaccionó con violencia contra los tejidos del intruso, sintetizó fito-anticuerpos de rechazo en grandes cantidades y bloqueó el paso de savia hacia las dos púas de azufaifo. Ocurrió lo mismo que pasaría si a cualquiera de nosotros nos trasplantasen la pata de un canguro. Nuestro sistema inmune lo rechazaría de forma violenta y la pata se gangrenaría a los pocos días.

 Las heridas perfectamente vendadas.

 El film de cocina es muy maleable y permite cubrir y cerrar herméticamente la gran herida del corte del patrón.

 Atadura circular de las tres púas para evitar que el viento las arranque hasta su perfecto agarre.

 Detalle de la atadura que no estrangula la circulación de la sabia de las púas, sólo las mantiene en su sitio.

Finalmente recorté un poco las ramillas que crecen en la parte inferior del patrón para dar salida a la savia. Cuando las púas hayan agarrado y sus yemas empiecen a brotar, eliminaré estas ramillas.

¡Deseadme suerte, amigos!


6 comentarios:

  1. Muy buena información y muy detallada. Muy agradecido

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  2. Suerte Juan, seguro que agarrarán las tres. Besitos.

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  3. buenos dias mundani llevo muchos años leyendo todo lo que pones y siguiendote tengo un pequeño jardin en andalucia, hace 12 años y tu fuiste un poco mi inspiracion nunca me he puesto en contanco contigo aproximadamente tendre unas 40 variedades de subtropicales y tropicales estoy en el valle del guadalquivir hacia el norte ha sido de las mejores explicaciones que he visto sobre un injerto por cierto macrolepiotarafael@hotmail.com

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